lunes, 21 de noviembre de 2011

Bergounioux: el paisaje y la memoria


Si se quiere pasar un rato perdido en el tiempo; si se quiere abrir un pequeño libro junto a un café y dejarse llevar por una peculiar puntuación que nos recuerda constantemente que leemos; si se busca un breve lapso de paz en el que recobrar la distancia de tiempos teñidos de azul; si se quiere volver una y otra vez, siguiendo sinuosos meandros de adjetivos enternecedores y fecundos; si se quiere leer y que la lectura no nos deje indiferentes... no sería mala idea poner un poco de azul en el paisaje.

Un libro escribe Bergounioux afecta en mayor o menor grado a lo que pensamos y, por lo tanto, a lo que somos. Cambia, en cierta medida, el mundo que consiste, en parte, en la idea que tenemos de él, ya lo adorne y agrande, ya consuma su ruina... No conozco libro, cuando ha importado, que no haya hecho temblar el suelo de la existencia...


Una voz intensa, reconcentrada y escueta. La calma que precede a la tempestad... en estos momentos en los que estoy a punto de dar el salto hasta la broma infinita...