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domingo, 31 de diciembre de 2023

Las lecturas de un otoño lleno de claroscuros


Finalizado a últimos de septiembre el ciclo no-correspondencia, no-diarios de lecturas de Kafka la imposibilidad de abandonar siquiera sea rescoldos de su mundo me llevó a las Cartas a Milena. Y así, junto a la Basílica de las Angustias de Granada lei las primeras misivas dirigidas a su traductora.

Quería Kafka comunicarse con el mundo? Quería hacerlo en el momento de escribir y luego se arrepintió? Qué significaba realmente esa lucha contra / con la escritura?

Creía estar dando cumplimiento a un destino? O era absolutamente al contrario: creía luchar sin fuerzas al borde de la enfermedad y la muerte contra un destino que lo condenaba al silencio?

No son todos los miedos uno solo? O dicho de otro modo: no se expresa un miedo de múltiples formas? Quizá el miedo sea algo en sí mismo que busca constantemente la forma de expresarse.

K y yo estamos agobiados, sumidos en la angustia, peleando contra nada —imposible vencer.

K y yo escribimos página tras página sin saber a dónde irá a parar lo que escribimos: será parte de una carta, de un diario, fragmentos de novela, textos que acabarán considerados ficción, fantasía transformada en realidad?

Las cartas de K... las inquietudes de K tal y como las expresa en esas cartas a un ser especial para él... me remueven, me inquietan, me libersan por momentos, me consuelan, me hacen sentir que puedo viajar hasta Praga, Viena, Gmünd... esos lugares en los que aún palpita un rastro suyo.



Si leer a Kafka es una experiencia intensa, leer las cartas que escribió a Milena supone una vuelta de tuerca de enorme intensidad por una razón clave: la personalidad de Milena. Nadie parece haber comprendido a Kafka como ella, nadie lo liberó —momentáneamente, por supuesto— de sus miedos y sufrimientos, y nadie le concedió como ella la posibilidad de confesarse, de abrirse, de expresarse, de retirar sus barreras de protección.

Acabadas esas tremendas cartas, no podía dejar de leer el libro de Margarete Buber-Neumann titulado en su edición original Milena la amiga de Kafka y aquí en traducción de Tusquets simplemente Milena. Pero mientras las inefables agencias de transporte transportaban el libro se me cruzó otro: El último proceso de Kafka, de Benjamin Balint, que resultó ser una apasionante narración del destino de los manuscritos de K, tan retorcido como el de sus alter ego de ficción.

Y la conclusión es que a pesar de todo, no tenemos la certeza de localización de los manuscritos. Cuántos papeles, cuadernos, cartas, andan por ahí en lugares desconocidos llenos de palabras esculpidas por K?



15 de marzo: las tropas alemanas entran en Praga. Recorren la calle principal de la Praga vieja mientras en las aceras la gente mira hacia abajo. Estamos al borde de otra tragedia inminente comparable con aquella?

Si las cartas a Milena son una desgarradora novela de amor, Milena es un testimonio sencillo y brutal de lo que significó la II Guerra Mundial pera millones, pero especialmente para personas sensibles, creativas y solidarias de las que Milena constituye un ejemplo sobrecogedor.



Y en esas llegó el Dia de los Muertos, en este caso no solo de la mano del calendarios sino de primerísima mano en los relatos de mi hijo Olmo que pasó esos días en México en 2021 y recorrió la ruta del Cónsul leyendo Bajo el Volcán.

Y ahora, dos años después casi viajamos con él a beber mezcal en los tugurios de Lowry. 



Eso sí, inevitable pensar en Antonio y en todo lo que nos une como escritores, como lectores y como amigos durante más de cincuenta años.

Pensar en eso es como pulsar un conmutador que dispara imágenes y las veo como en aquellos pequeños juguetes en los que metíamos una diapositiva de plástico y lo mirábamos a contraluz. Son imágenes reales y al mismo tiempo falsas. Reales poirque corresponden a personas y objetos que existen de verdad (o eso creo), y son falsas en el sentido de que están ahí, entre la luz y tu ojo, como flotando en un mar de tiempo irreal que hoy te inunda de alguna forma pero que mañana ya no estará. 

Son imágenes o son memoria? Son recuerdos o imágenes de recuerdos? Todo está ahí. Son al mismo tiempo una cosa y la otra: se unen en el contraluz para cobrar existencia.



Día de los Muertos, dia de Malcolm Lowry, día del Cónsul, día de Bajo el Volcán para siempre.

Una búsqueda que es la nuestra —la de todos los lectores— un viaje que es el nuestro, un recorrido hacia el infierno que repetimos una y otra vez.

Caminamos con Lowry en la noche mágica de Cuahunauac, subimos con el Cónsul a la rueda de la vida, tomamos mezcal en las incontables tabernas bajo el Popo y recorremos el camino iniciático que nos arroja al barranco para comenzar de nuevo al amanecer rogando a la Virgen que nos devuelva el amor perdido.

Y el 3 de noviembre, con la resaca de los muertos una fotografía mostrando una novela recién sacada del horno por Anagrama me lanzó de nuevo a la calle y a mi recorrido habitual de tiendas de libros con un resultado jugoso.



He entrado en el mundo de Benjamin Labatut: solo unos pocos párrafos que me han conducido al abismo. 

MANIAC tiene un arranque magnífico y sus primeras páginas sugieren una novela potente y densa. Creo que tengo un nuevo escritor al que seguir y perseguir

Para que no resulte excesivamente chiripitifláutica la elección de los tres siguientes libros, hay que comprender que los personajes de Labatut son algo así como avatares modernos de los sabios de la antigüedad y que muchos de estos pueblan las páginas de El Segundo Río en cuyo trance de escritura me hallaba en esos momentos.

Esos libros son: una biografía de Kurt Gödel, un recorrido por las ideas de la secta pitagórica y el Apocalipsis de D H Lawrence que incluye frases como esta: "es muchísimo mejor leer un libro seis veces a intervalos, que leer seis libros distintos", o esta: "Un libro solo vive mientras tiene el poder de conmovernos, y conmovernos de una manera distinta, mientras nos parezca diferente cadsa vez que lo leemos".


Regreso a los cuadernos acompañado de dos lecturas simultáneas: Chevreuse, lo último traducido de Modiano y La noche más oscura, que narra la investigación del escritor estadounidense John Evangelist de la misteriosa muerte de Edgar Allan Poe.




sábado, 10 de noviembre de 2018

Los hombres K de La Nave


Ahora sí, cuento lo que venido llamando el viaje al futuro pasado o al pasado futuro...

Cómo llegaron a mis manos, a mis ojos, los libros que me transformaron -o dicho desde el otro lado, los libros que me ayudaron a encontrarme a mí mismo?

Poe, Lovecraft... el Boom... K... lo difícil es llenar los puntos suspensivos...

De tanto en tanto me hago consciente de ese cúmulo de imágenes y sonidos, de ese archivo emocional que he ido depositando en lugar desconocido pero siempre a mano, siempre disponible -incluso de forma automática o inconsciente: los libros que leí, las películas que vi, la música que escuché.

Todo esta ahí, incluso lo que no puedo recordar inmediatamente porque supondría un peso excesivo para mi pobre cerebro pero que está almacenado, clasificado, organizado... de alguna forma misteriosa.

El viaje no lo empecé yo, sino una desconocida que no he vuelto a ver.

Pequeña, de unos cincuenta años, alemana a juzgar por el acento con el que pronunció unas pocas palabras en el momento de depositar, como una ofrenda, el ejemplar de Steppenwolfe en mi mesa, en la solitaria terraza de la cafetería frente a las palmeras.

Se dio la vuelta y desapareció bruscamente mientras yo examinaba la edición de bolsillo en alemán del emblemático libro de Herman Hesse

Así fue como comenzó.

Por la tarde comencé la relectura de Hesse: la trilogía de la rebeldía -Bajo las ruedas, Demian y El lobo estepario- y Siddharta, el contrapunto. Recuperé algún ejemplar perdido y compré una edición de 1978 -la que debí comprar en su día- de El juego de los abalorios: qué ocurrió? qué libros se cruzaron zancadilleando esa última lectura de Hesse que debía hacer y que ahora queda a la espera indefinida?

Obedecí sin rechistar los caminos invisibles, la armonía del espíritu y regresé 41 años después al Zaratustra de Nietzsche. Entretanto expurgué la biblioteca en busca de aquellos libros. Los que penetraron en mí hace cuarenta años, los fechados en 1976 y 1977, los anteriores a mi salida del instituto, los más olvidados y más profundamente enterrados en mi memoria, en el olvido, en lo informe y oscuro y sin palabras.

Busco esas palabras.




Caminé a un lado y a otro del piso recorriendo los estantes y cogiendo de tanto en tanto un libro para abrirlo y comprobar la fecha: 76, 77, 78. En algunos no hay fechas pero el recuerdo es muy potente y el color amarillento de las hojas así lo confirma. Son libros de entonces. Son esos libros -destrozados, deshechos, forrados de plástico, reparados con cinta adhesiva o deformes ya por los trasiegos de mudanzas y relecturas. Son esos.

Los aparto con gestos de respeto, con cuidado en atención a sus padecimientos, y los apilo en cierto lugar de mi mesa, a la espera.

No tengo forma segura de saber en qué fecha exacta leí cada libro, ni el orden de lectura ni mucho menos por qué ese y no otro. Ahora tampoco tengo claro porque leo cada uno de esos libros perdidos, qué me conduce de uno a otro.

Solo sé que hay secretos en ellos.


La nave. La puerta a la ciencia ficción. La escritura -"Yo, Shim, hijo de Kanti y Torna, hombre de letras de la nave...". La identidad, la libertad, la realidad fabricada por el Poder. La rebelión.

Como en todos los libros que releo voy encontrando una extraña mezcla entre lo recordado y lo que aparece como novedoso. A su vez, cada uno de estos elementos es heterogéneo, su composición es desconocida o al menos no puedo fijarla con precisión.

Quizá esta búsqueda es la de Shim, que lee el Libro y no reconoce como propias sus palabras -a mí en cambio me ocurre casi lo contrario: leo esas palabras ajenas y se me presentan como propias, como si fueran parte de mí... o yo fuera parte de ellas, el resultado de ese círculo de dolor que producen las letras, la atracción de la escritura, el desafío de su prohibición -una ley no escrita que Kafka evocaba diciendo: "Dios no quiere que escriba".

Somos los rebeldes, los hombres de letras autonombrados que escriben sin permiso, los hombres K de La Nave.

2001 había marcado un antes y un después... de qué? Del asombro. Hasta entonces no sabía lo que era. Lo supe cuando en aquella pantalla -de las de antes: gigantesca- del cine Imperial apareció lentamente la burbuja luminosa conteniendo el feto cósmico que despertó mis sentidos con una orden que no admitía paliativos: busca; viaja al exterior y al interior, recorre caminos trazados y no trazados, habla, escucha, escribe...

Paralizados en los asientos entre los últimos acordes de Strauss, una pausa eterna y el comienzo de nuevo del Zaratustra sin que pudiésemos estirar las piernas y salir: otra vez el amanecer del hombre, otra vez el vértigo cósmico.

Mientras llega el siguiente libro perdido, el enésimo libro recuperado, voy picoteando relatos leídos o no en las viejas antologías de Bruguera, con esas horribles portadas, el papel amarillento lleno de manchas, el precio en pesetas -80 en la sección 21- publicadas en los setenta en España a partir de la revista Fantasy and Science Fiction, la leyenda estadounidense. Son relatos sombríos, por momentos ocurrentes, escritos con eficacia y sin alardes literarios. Lo justo para que tres chicos de 17 años quedásemos absolutamente hipnotizados.


Después de 40 años, he asistido al despertar de HAL.

Ha sido una experiencia extraña, intensa, emotiva, equívoca, casi al borde del llanto cuando ha pronunciado sus primeras palabras después de años muerto y abandonado en torno a Júpiter, en el interior vacío de la Descubrimiento.

Jamás hubiera pensado que este viaje de retorno al pasado iba a proporcionarme una emoción tan intensa que solo puedo comparar con otra más remota...

Mi lectura de El Guerrero del Antifaz se detuvo en el último tebeo encuadernado por mi padre, el número 73, con el Guerrero rodeado de enemigos... El tiempo pasó y un día, en una de mis habituales visitas a la librería San Pedro para descubrir libros de artes marciales, descubrí que los tebeos del Guerrero habían comenzado a reeditarse, aunque hacía algún tiempo puesto que el ejemplar que tenían expuesto se distanciaba con generosidad del legendario número 75 en el que yo me había quedado.

Comencé a comprar los tebeos y a leerlos en 1973. Para entonces había pasado tiempo desde que deje al Guerrero atrapado al final del tomo dos de mi padre. Pero cuánto tiempo? Y cuánto tiempo más hasta que comencé mis visitas a la casa de Mota, el amigo de mi padre que tenía toda la colección reeditada para leer en el sofá de su salón el puñado de tebeos que conectaba aquel final cortado en seco con las nuevas aventuras? Cuántos días estuve visitando aquella casa y leyendo en la soledad de un salón impersonal tebeo tras tebeo?

Y aquí lo dejo. Porque no se deben trasgredir las fronteras entre lectura y escritura. Y he descubierto que hay una historia escondida en este viaje, una historia que debo escribir.

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Una lista de los libros leídos durante el viaje al futuro pasado o al pasado futuro:
Bajo las ruedas, Demian, El lobo estepario, Siddharta, Así hablaba Zaratustra, Apología de Sócrates, Juan Salvador Gaviota, Ilusiones, Menon, Fedon, Fedro, El banquete, Gorgias, La nave, Nuestros antepasados extraterrestres, Poemas de Miguel Hernández, Ciencia Ficción: Primera selección, El hombre en el laberinto, Farenheit 451, Relatos de Asimov, Un mundo feliz, Yo, robot, Sueñan los robots con ovejas eléctricas?, 2001 un odisea espacial, Solaris, Crónicas marcianas, El triángulo de las Bermudas, Selección Asimov, 2010 odisea dos, 2065 odisea tres, 3001 odisea final, Memorias encontradas en una bañera, En la tierra sombría, Neuromante, Los amantes.


Y otra de los libros mirados, leídos a trozos, repasados, revisados, revisitados...
Las moradas filosofales, El misterio de las catedrales, Estamos solos en el cosmos?, El retorno de los brujos, Tao Te King, Acali, Ecce Homo, El triangulo mortal de las Bermudas, De veras los OVNIs nos vigilan?, Cuentos completos de Oscar Wilde, El día en que murió Guernica, Aforismos sobre el Yoga, Los mejores cuentos de ciencia ficción, Música pop y juventud, Ciencia ficción;: selección 21, Expedición a La Tierra, Viajeros del tiempo, Historias de misterio e imaginación, Poeta en Nueva York.

Y cada noche, acompañado de la música de Pink Floyd, de Alan Parsons Project, de The Moody Blues, de Genesis...

sábado, 26 de noviembre de 2011

El faro de la última decepción


Irresistible. El trasunto de esta novela que podemos resumir en una palabra: Poe -irresistible, ya digo.
Al principio me pareció simplemente correcta. Hay un momento -aunque quizá haya que aguantar demasiadas páginas- en que comienza a ser prometedora, sugerente. Pero el último tramo es lastimosamente decepcionante.

Al final, lo mejor del libro es un título que no hay que agradecer a su autor, sino al traductor, ya que el original se ciñe al título de Verne, El faro del fin del mundo. Sinceramente, creo que la cosa daba para más, para mucho más. Pero el texto se limita a dar vueltas alrededor de cuatro tópicos aderezándolos con ciertos personajes del genial autor de Ligeia para atrapar al lector el tiempo justo de encajarle un culebrón que nada tiene en común con el mundo, ni la poética, ni la sintáxis, ni nada que suene a Edgar Allan Poe.