miércoles, 24 de junio de 2020

24 de junio 2020

Imposible resistirse.

He elegido el pasaje clave de Abaddón: "Salió a caminar sin rumbo" en el que S. termina transformándose en Vidal Olmos y las dos novelas se superponen como pieles irritadas y escarnecidas que se tocaran en una oscuridad sangrante.



La iglesia circular de la Inmaculada Concepción en el corazón del barrio de Belgrano, el nudo sabatiano del Universo de los Ciegos, el centro del laberinto de la escritura nocturna, el vórtice de los fantasmas y las obsesiones, el lugar al que conducen los caminos de Martín, de Bruno, de Marcelo, de Soledad, del propio Sabato... todos ellos y muchos más, como Fernando Vidal, como R., como el doctor Schneider, convocados una y otra vez por el fuego del dolor y la recreación en el que se consume la imagen de Alejandra caminando para siempre en la tarde del Parque Lezama.

Estoy en mi cafetería de siempre.

Sobre la mesa, el vaso de café ya vacío con las marcas de espuma cada medio centímetro, delatando las veces que me lo he llevado a la boca con esos círculos marrones imprecisos, y junto al vaso, el libro comprado en la InterZona en 1982, último año de mis estudios de magisterio, el año de Miguel Teruel y el los escritores del Boom: Cortázar, Donoso y Sabato, sobre todo, los escritores que marcaron la segunda herida de mi vida de escritor después de la primera con Poe a la cabeza de una legión nocturna.



Abaddón el exterminador. Edición de Seix Barral. Primera edición definitiva en Biblioteca Breve de la tercera edición argentina corregida y revisada por el autor en marzo de 1978. La enésima revisión definitiva. Bordes amarillentos. Reparado con cinta adhesiva. Esquinas deterioradas. Páginas manoseadas. Y sobre todo, esas ocho puñaladas cuyo autor nunca logré establecer y que traspasan con furia las primeras ciento veinte páginas, justo hasta la carta al joven escritor cuya copia me envió hace una eternidad el propio S.

Noche de brujas.
Noche de escritura para siempre.

viernes, 2 de agosto de 2019

Emociones a ritmo de jazz y oleaje

Un café frente a la playa. 

Entre mis manos, esa mirada inasible recortada sobre la luz de un patio y la imagen de un faro siempre majestuoso. 

Un olor agridulce se apodera de mí; el comienzo -pausado, pero persistente- de un firme fluir de imágenes sepia a ritmo de jazz. La escritura luminosa de Antonio Ñeco me envuelve...

Camposoto, el mar, Sancti Petri... paisajes que despiertan emociones casi olvidadas con un pulso contenido.


A medida que pasan las páginas -mucho más rápido de lo que quisiera- las heridas se abren. Lo que comenzó como sensación agridulce ahora empieza a mostrarse como ternura, dolor, inminencia de tragedias.

No es facil viajar al pasado, y menos aún encontrar el tono, el ritmo, el lenguaje adecuado para compartir ese viaje hasta el final. El maestro de Casas Viejas lo consigue magistralmente.

Unas pocas palabras rotundas, sin adornos, con el filo descarnado de su propio perfil son capaces de devolvernos la consciencia de la dignidad.

Y después... la caída, el cabo de Buena Esperanza, el abismo.

Entre tantos personajes entrañables, me quedo con Jonás...

lunes, 29 de julio de 2019

La música de Redención

He preparado una lista de reproducción con la música de mi novela Redención.
Creo que puede ser una experiencia aún más emotiva leer con banda sonora incluida y, en algunos casos, conocer directamente esos temas que marcaron los maravillosos y terribles meses en los que se desarrolla el relato.

Estos son los temas que suenan en cada capítulo:

Capítulo I
Goodbye for now / Stephen Sondheim (BSO Reds / Rojos)

Capítulo II
Marcha fúnebre de Sigfrido / Richard Wagner (El Ocaso de los Dioses)
And the band played Waltzing Matilda / The Pogues
Cantigas de Santa María, 77 / Alfonso X el Sabio
Jesse James / The Pogues


Capítulo III
A smile in a whisper / Fairground Attractions (Voz: Eddie Reader)

Capítulo IV
A Fairytale in New York / The Pogues
Cheek to cheek / Fred Astaire
Big Joe and Phantom 309 / Tom Waits

Capítulo V
Volver / Carlos Gardel

Capítulo VI
This side of the looking glass / Peter Hammill (Album Over)

Capítulo VII
Don´t love me / Coleman Hawkings (Album Today and now)


Capítulo VIII
A love so beautiful / Roy Orbison (Album Mistery Girl)
Misty morning, Abert Bridge / The Pogues

Capítulo X
My one and only love / Ben Webster y Art Tatum
Gone with the wind / Ben Webster y Art Tatum


Enlace a la lista de reproducción:
https://www.youtube.com/playlist?list=PLfjbsp48_oAGlHdSTlEoy_PXGrdfQ5yLi

Enlace a la novela en Amazon:
https://www.amazon.es/dp/1079319611

Página del autor en Amazon con todos sus libros:
amazon.com/author/jesusgarciablanca

Entrevista con el autor sobre Redención y mucho más:
"La escritura es un ritual sagrado"
https://kefet.blogspot.com/2019/07/la-escritura-es-un-ritual-sagrado.html




domingo, 21 de julio de 2019

"La escritura es un ritual sagrado" Entrevista a Jesús García Blanca


Comparto esta entrevista que [nunca] me hicieron en un medio de comunicación digital [que probablemente no existe] y en la que me explayé sobre los libros, las ficciones y el martirio de la escritura.



"La escritura es un ritual sagrado"


Entrevista a Jesús García Blanca

ESCRITURAENLOSLÍMITESPUNTOCOM
Por Noé Xiste. 24 de junio, 2019


Jesús García Blanca nació en algún lugar del espacio mítico que une el Mar Interior y el Océano, o para entendernos, en las inmediaciones del Estrecho de Gibraltar que él llama “El paso de Briareo”. Tras decenios de silencio en lo que se refiere a ficciones —aunque ha publicado un puñado de ensayos críticos sobre salud, educación y ecología— ha decidido empezar a compartir sus textos, algunos escritos hace la friolera de cuarenta años. Estas circunstancias tan poco habituales en un escritor nos movió a Escrituraenloslímitespuntocom a contactar con él y proponerle una entrevista que realizamos vía correo electrónico, por lo que no estamos seguros de haberlo entrevistado, pero así son las cosas en los límites…

NX: Dos novelas casi al mismo tiempo ya es poco frecuente. Pero esperar casi cuatro décadas para publicar lo es menos aún…


JGB: Hice algunos intentos… hará quizá treinta años, y posteriormente hace diez años lo volví a intentar con más —digamos— empeño. Tengo una pequeña colección de negativas editoriales, algunas muy pintorescas… Pero hubo un momento en que me impliqué en temas sociales y me concentre en escribir y publicar sobre ellos… o mejor diría contra ellos: medicalización de la salud, vacunas, cientificismo, manipulación genética… pero por debajo continué escribiendo… a rachas… y ahora, ahora siento que ha llegado el momento de compartir mis ficciones con lectores, con lectores desconocidos… ya que hasta ahora solo he importunado a amigos y familiares.

NX: ¿Y por qué has elegido Amazon? Tengo que preguntártelo…

JGB: Verás… los manuscritos se estremecían en los cajones y los mecanoscritos se angustiaban encerrados en el disco duro… los escuchaba crujir por las noches… Yo creo que todo artista crea para compartir, para comunicarse con seres desconocidos que sobreviven en islas perdidas… Así que todo vale.


NX: Háblanos un poco de tus escritores, de los que te han impactado o han influido en tu escritura o los que más has disfrutado o disfrutas leyendo.

JGB: Como tantos otros, yo empecé con los tebeos, en mi caso El Guerrero del Antifaz y después pasé a Verne, Conan Doyle, Poe y Lovecraft junto con toda la ciencia ficción que llegaba entonces vía Bruguera: Asimov, Silverberg, Clarke, Dick… Esas lecturas marcaron mis primeros textos. Luego, gracias a un inolvidable profe de la Escuela de Magisterio, Miguel Teruel, conocí a los sudamericanos del Boom y otros: Cortazar, García Márquez, Donoso, pero sobre todo y por encima de todo, Sabato. Si hay un escritor al que deba no ya mi forma de escribir sino el hecho de escribir es Sabato. No por sus temas ni su estilo ni nada de eso. Sino por su actitud ante la escritura que definió para siempre mi propia relación con ella, especialmente en el caso de El Segundo Río en el que la escritura es en sí misma uno de los protagonistas: los rollos, las bibliotecas, las escrituras cifradas. En definitiva, por culpa de Sabato, la escritura es para mí un ritual sagrado.

NX: Y ahora, ¿qué lees?

JGB: Bueno, esta entrevista la hacemos un 24 de junio, que es la fecha mágica o maldita de nacimiento de Sabato. Y son ya muchas las veces que la fecha me mueve a releerlo. Así que estoy por enésima vez inmerso en Sobre Héroes y Tumbas. Y en la mesa me esperan los libros de Erri de Luca y en lontananza acabo de toparme con un escritor mexicano que no conocía en absoluto: Mario Bellatín. Aunque mis referencias habituales, son Kafka, Modiano, Kenzaburo Oe, Vila-Matas, Bolaño o Cartarescu entre muchos que olvido… si alguien está interesado puede mirar mi blog Kefet: Las Escrituras de la Noche en el que llevo un modesto diario de lecturas y micro reseñas.




NX: Y por qué esa obsesión tuya con la K, con las palabras con K o con la misma letra K… ¿algo relacionado con Kafka?

JGB: La K es obviamente Kafka. Pero es más cosas, algunas muy personales. Para empezar es Peter Hammill, quien allá por el 82 sacó un disco que se titulaba Enter K y entonces no sé muy bien por qué la K comenzó a significar ese otro yo oculto, el otro músico dentro de PH y el otro escritor dentro de mí, y ese escritor no podía ser más que Kafka, que rompía las reglas de lo real, que representaba el escritor sagrado que quizá Sabato quiso ser, ese escritor capaz de estar sentado una noche entera y escribir al dictado de lo desconocido. Sabato es el hierofante y K es el único que viajó al otro lado y volvió, eso sí, por poco tiempo. Y PH/K es mi Caronte para el territorio mágico de la música… él pulsa esos acordes que me trastornan, esa teclas del piano que retuercen mis entrañas… una cosa es escuchar música y otra muy distinta escuchar a todas esas presencias dentro de PH: K, Nadir, el angel, el asesino, el refugiado…

NX: Las dos novelas recién aparecidas en Amazon son como he dicho muy diferentes al menos exteriormente: hablamos de una novela corta de apenas un centenar de páginas y de un complejo novelón de más de setecientas páginas, una novela-río ¡y nunca mejor dicho!

JGB: En este caso yo diría más bien una novela-mar, el Mar Interior… en todos los sentidos.

NX: Hay otro contraste llamativo entre ambas novelas: tardaste decenios en escribir El Manuscrito de Apolonio mientras que Redención dices haberla acabado en apenas dos meses. Está claro que no tienes un método fijo de trabajo…

JGB: No, no hay método. Hay escritura. Hay ese ritual sagrado que te he mencionado, una ritual que desconozco previamente y al que me abandono…

NX: Sabrás que ya hay quien especula por ahí sobre esto, así que acláranoslo de una vez: ¿Es Redención una historia real?

JGB: Desde que comencé a escribir he buscado los límites entre imaginación y memoria… y debo confesar que no los he encontrado…

NX: Entonces cómo debemos leer esa historia…

JGB: No tengo nada que decir sobre cómo leerla. Cada lector verá, buscará, encontrará o no su relación con ese… desgarro. Para mí es una historia real… tan real como las de Apolonio, Kissos o Anaxándrides…



NX: El Segundo Río ¿es una trilogía, una novela por entregas, una novela demasiado extensa para editar reunida o simplemente un texto que aún no has acabado?

JGB: El Segundo Río es mi exploración del mundo antiguo, no del “verdadero” mundo antiguo, quiero decir, ese que asoma en los libros de historia, sino del que tengo dentro de mí, dentro de mi memoria y dentro de mi imaginación: imágenes distorsionadas, hechos que me emocionaron cuando era un niño, ciudades que imaginaba y con las que soñaba, trirremes atravesando el Mar Interior, bibliotecas perdidas llenas de manuscritos misteriosos que contenían secretos inconfesables o trascendentes para la humanidad, hazañas épicas que poco a poco fueron tiñéndose de sangre, criaturas míticas, subterráneos que comunican islas, túneles infernales, monstruos indescriptibles…

NX: Cuarenta años ¿no es una pasada... ?¿De verdad has dedicado cuarenta años a una novela?

JGB: Depende de lo que signifique “dedicar”. ¡Desde luego que no he estado escribiendo cuarenta años! Hace unas semanas, cuando decidí volver a esta novela tras varios años de abandono recopilé los manuscritos y mecanoscritos que tenía en casa, en un viejo baúl junto a la documentación. He ordenado y archivado un total de 18 carpetas que contienen un número desconocido de folios… cientos, muchos cientos en diferente estado de envejecimiento… y afortunadamente fechados, por lo que he podido establecer períodos de escritura física de escritura efectiva si podemos llamarla así.
Empece en 1980 en La Línea, esbocé los primeros esquemas de la primera entrega en Jerez, en 1986. A partir de ahí, cada retorno tras un amargo abandono se lo debo a ella, a mi compañera actual a la que conocí en 1987 y que hizo suyo el proyecto, el personaje, y al autor. Así volví al manuscrito casi un año entre el 88 y e 89 en Calafell, dos años entre 1991 y 1993 en Granada, un curso en Guadix entre el 93 y el 94, meses de 1995 y 1997 de nuevo en La Línea, y a partir de ahí en Ex: años entre 2002 y 2005, un salto a 2007 y momentos sueltos entre 2007 y 2013; después revisiones hasta hace un mes.

NX: A mí me salen doce años que ya es una cifra apabullante y más aún si entre medias no has dejado de darle vueltas, y además has escrito otras novelas, entre ellas, esta breve historia que publicas también en Amazon, pero hay más textos, ¿no es así? Cuéntanos...

JGB: Hubo un momento… no sabría situarlo con exactitud… pero sería allá por los ochenta, en el que comenzaron a surgir textos que no pertenecían a Heptaplus, que es como yo llamaba entonces a El Segundo Río. Eran una mezcla de relatos, recuerdos, reflexiones, todas en forma de cartas, de hecho los fui titulando Epistografía y publiqué algunos en Ediciones Elm Street, una loca aventura que se menciona en Redención. Era una tentación de comodidad dejar por un tiempo el complejo mundo de Apolonio y dejarme llevar por esas cartas que fluían sin esfuerzo.

NX: Y esos textos ¿se han convertido en novelas, en libros de relatos…?

JGB: No. La mayor parte están por ahí en carpetas, abandonados. Algún fragmento acabó formando parte del Manuscrito de Apolonio, y otros fueron el arranque de mis viajes de retorno a la infancia: Cámara oscura, que ahonda en esas cosas que nos parecen tan misteriosas cuando somos niños y que se mezclaron a fuerza de mirar fotos antiguas con un misterio de adulto: ¿cómo se fijan las imágenes en el papel? ¿Cómo se atrapa el tiempo? Así que hice un esfuerzo de depuración de recuerdos, de pregunta sin respuesta y lo mezcle con recuerdos que nunca tuve: los orígenes de la fotografía y los empeños meticulosos de Joseph Nicéphore Niepce para detener el tiempo.



NX: ¿Hay mucho más en esas carpetas?

JGB: No sabría decirte lo que ahora me parecería aprovechable y lo que simplemente volvería a guardar porque me cuesta mucho tirar… sé que tengo mucho papel acumulado que nunca verá la luz, desde hace unos años me pasé a las libretas y tengo una nutrida colección de todos los tamaños y estilos, unas pocas vacías y algunas rellenas sin orden ni concierto que se dice… y hay por ahí una etapa de microrrelatos. Creo que fue cuando se me ocurrió abrir el blog Las Escrituras de la Noche… llevaba mucho tiempo sin escribir… sin escribir para El Segundo Río, digo… y pensé que podía retomar la escritura dando esos pasos breves que no exigen planificación, ni siquiera pensar, solo poner las manos en el teclado. Después decidí que el blog sería un diario de lecturas pero soy muy poco disciplinado y a veces lo abandono durante semanas y luego tengo que hacer memoria de los libros que había leído… Los microrrelatos son cómodos, no te llegas a encariñar con ellos y te importa menos lo que les pase… El Segundo Río es lo contrario, es un peso descomunal, una responsabilidad abrumadora, ni siquiera cuando no escribo, durante esos meses o años, he podido dejar de pensar en ese mundo, de recordar las historias que he ido contando o las que estoy por contar…

NX: Nos ha llamado especialmente la atención un título que aparece en tu biografía: El Misterio de la Caja Negra, que parece un título que intencionadamente remite a literatura de género…

JGB: El Misterio de la Caja Negra es un caso aparte. Mi compañera y yo leímos juntos todas las historias de Sherlock Holmes cuando compartíamos un apartamento en Calafell, en 1989. Así que cuando se acabaron decidí escribir una para ella y regalársela por capítulos en nuestro aniversario de “encuentro” que también es su cumpleaños. Se me ocurrió escribir no un caso de Holmes que me imponía mucho respeto y me parecía demasiado evidente, sino lo que yo proponía como la última aventura del Dr. Watson antes de su retirada a Escocia viejo y enfermo.

NX: Entonces no aparece Holmes?

JGB: Aparece fugazmente, no lo desvelaré, pero está presente todo el tiempo encarnado en Louis Coq, un personaje basado en un amigo que hice por esa época a raíz de mi interés por Egipto, un rebelde de la Egiptología, un desmontador de mitos que me impresionó por su lucidez y que trasladé a mi historia convertido en detective-arqueólogo que seguro dará mucho de sí…

NX: Anuncias una serie o algo parecido?

JGB: No me atrevo, pero estaba trabajando en un segundo caso de Coq cuando ella -una vez más- volvió a ser decisiva para retornar a El Segundo Río y abandonar todo lo que tenía entre manos…

NX: Bueno, a razón de cuarenta años por entrega, vas a necesitar al menos ochenta para acabar, ¿no?

JGB: No, procuraré acabar en cuarenta y dejarme los otros cuarenta para disfrutar de las ventas, la fama y todo eso… En serio, esta vez no habrá excusas. Y ten en cuenta que el proceso de documentación está hecho salvo pequeños detalles, así que la cosa es escribir, escribir y escribir mientras pueda.


Entrevista publicada originalmente en LITERATURAENLOSLÍMITESPUNTOCOM:
http://literaturaenloslimines.com/entrevistas.98663kk.html

Las novelas en Amazon:
El Segundo Río. El Manuscrito de Apolonio: https://www.amazon.es/dp/1076697488



martes, 16 de julio de 2019

Redención


Os invito a entrar en Redención, a compartir las primeras palabras que escribí tras muchas vacilaciones, excusas, dudas y promesas de que empezaría "uno de estos días..." Al fin conseguí empezar, o quizá sería más exacto decir que no tuve más remedio que empezar, tanto es así que aquellas páginas surgieron como una exhalación en pocas semanas. Y ahí están.





Ex, 2 de enero, 2016

Más de 30 años después...

Necesitaba un acto en el límite...
Y he necesitado superar pruebas de horas para poner la punta del cálamo sobre estas hojas.
Incluso cuando la decisión ya estaba tomada, mi mano se resistía y he tenido que obligarla.
Ha sido una lucha desigual y difícil.
Ha sido como un lanzarse al vacío, un vacío de 120 páginas.
Son las que me concedo para contar esta historia, la más difícil... no por compleja, no porque exija esfuerzos de memoria inalcanzables.
No.
La historia más difícil es la que llevas clavada en el alma, atravesando todo tu ser.



I

La primera vez que la vi sus ojos brillaban de tal modo que ya sentí —sin admitirlo, sin que siquiera me estuviese mirando— que mi vida había cambiado.
En ese momento no podía sospechar los años que tendrían que pasar hasta que ese cambio se produjera, se materializara, se instalara en nuestras vidas; no tenía ni idea del dolor que me esperaba, pero aún sin tenerla, ya sentía que ese dolor merecería la pena: ¿quién no estaría dispuesto a sangrar a cambio de ese brillo iluminando cada hora de su vida?
Sin saberlo —hasta mucho después— yo acepté ese trueque el primer día.

Después hay un tiempo de oscuridad.
No sabría decir qué ocurrió en ese tiempo. Y tampoco importa demasiado: años de eso que consideramos vida cuando aún no hemos vivido de verdad: trabajo, estudio, alquiler, pequeños acontecimientos perfectamente prescindibles, y lo peor de todo: autoengaño —que salpica a todo lo que te rodea.
Te mentiste despiadadamente y dejaste que todos creyeran tus mentiras, que interpretaran como una vida mediocre lo que no era sino una mezcla terrible de autocompasión, necesidad de supervivencia, cobardía... el refugio de los débiles que ignoran mucho más de lo que temen.

Hasta que un día, el calor de ese brillo en unos ojos vivos te remueve las entrañas, y la ilusión te corroe, te posee, te arrastra.
Sigues viviendo tu vida como si no te dieras por enterado: utilizas esa máscara tuya tan socorrida que siempre te da resultado porque la gente se ve impelida a hacer como que se la cree. La máscara de la inocencia, del descuido, de la fragilidad... que solo puede usar con eficacia alguien lo suficientemente infeliz como para exponerse al mundo con esa segunda piel más fina que la propia —¡el disfraz perfecto!

Aparentar una falsa debilidad para esconder otra debilidad mayor, más dolorosa, más cerca del abismo: ¿quién podría sospechar que bajo esa capa de modales descuidados, de pequeñas torpezas cotidianas, de inseguridad, de palabras vacías... lo que se esconde es otro vacío, la monstruosidad de una vida que no quiere ser vivida?
Y así, lo único que puede cortar en pedazos esa máscara invisible, resulta ser la ilusión, la ilusión de otra vida posible.

Pero no es tan sencillo. La ilusión alimenta el dolor, aviva rescoldos, esparce las cenizas del amanecer y vuelve a arrancar pequeñas llamas azules.
La imaginabas en habitaciones desconocidas realizan-do pequeñas tareas cotidianas, oyendo discos con ralladuras extraídos de fundas de cartón desgastado, bajo las gotas ardientes de una ducha borrosa o, peor aún, abrazada a él bajo las sábanas de una madrugada inacabable.
¿Cómo reunir fuerzas para ese salto imponente al vacío de la otra vida que llenabas cada día con imaginación alentada por la fiebre?
¿Cuánto se prolongó ese tiempo sin tiempo, esa cadena de instantes paralizados que formaban rúbricas como escuadrones de aves siniestras lanzándose sobre presas desprevenidas?
¿Cuántas noches sin sueños, cuántas finas esquirlas de tiempo arrancadas a la eternidad?

[…]

Me tiembla la mano ante la idea de apoyarla sobre aquellos días luminosos... miro fijamente esos puntos suspensivos que acabo de escribir, reuniendo fuerzas para cruzar el umbral... más dudas... más puntos suspensivos... un punto cierra un ciclo de pensamiento y sin embargo más puntos no lo refuerzan sino que lo abren a la duda...

Una vez cruzado ese umbral, una vez dado ese paso tan simple y abrumador que te paraliza —como los invitados de El Ángel Exterminador de Buñuel— estaremos —todos; los lectores, tú y yo— en el otro lado, el lado luminoso —en el que ya no dejarás de mirar nunca los ojos de ella— aunque no por ello exento de dolor y de sombras agazapadas.

De hecho, en ese lado —y precisamente por la presencia constante de la luz— las sombras son más evidentes y el dolor más agudo, como tristemente se verá...

Si consigues dar el paso.
Por ahora... imposible.



https://www.amazon.es/dp/1079319611
amazon.com/author/jesusgarciablanca

lunes, 1 de julio de 2019

El Segundo Río

"Las aguas del espíritu corren siempre bajo el suelo".
Kata-kruptos
Neikóphilos de Abdera

Los primeros borradores de esa novela que entonces no tenía título y que escribí tecleando en una vieja Olivetti con tinta azul datan de 1980. Los últimos trabajos de revisión para esta primera edición los he hecho durante la última semana de junio de este año, 2019.

Casi cuarenta años.

Cuarenta años de dudas, de inseguridad, de preguntas, de búsqueda, de dolor, de horizontes llenos de luz durante un breve instante, de bibliotecas, hemerotecas, museos, archivos primero en una multitud de ciudades y luego en la red, de interminables horas ante la Olivetti, después la Underwood, los folios y finalmente el teclado del ordenador, de incontables cafés, de angustia, de felicidad, de sombras, de fantasmas, de voces que susurran o gritan, de sonrisas, de llantos, de sueños perdidos y pesadillas recurrentes.


Y aquí está la primera entrega, la primera mirada a ese mundo extraño, inquietante y maravilloso en el que estoy atrapado ya para siempre. El manuscrito de Apolonio, la autobiografía de Apolonio de Rodas, autor de las Argonáuticas y director de la Biblioteca de Alejandría. He decidido hacerla pública mientras trabajo en las otras dos miradas: El manuscrito de Kissos y El manuscrito perdido.

Una compleja reflexión sobre la escritura y la existencia, sobre el pasado y la memoria, sobre el poder, la dignidad y la resistencia.


Página del libro en Amazon: https://www.amazon.es/dp/1076697488
Correo de contacto: El.segundo.rio.kemet@gmail.com


domingo, 23 de junio de 2019

Sabato, siempre

Sabato nació hace 108 años y aunque su madre nunca supo o quiso precisarle y eso lo atormentaba, fue en la noche mágica de San Juan, una noche de brujas que lo obsesionó siempre.

No sé cuales fueron las lecturas que con pocos años alimentaron mis ansias de escribir, cómo algo dentro de mí dio un paso invisible: de servirse de la lectura para experimentar emociones --esas que no estaban en la vida real-- a utilizarla como material de construcción, de reconstrucción, de recuperación de los sueños, de abandono a las ficciones.

Pero sí sé cuál fue el momento preciso en el que todo eso se transformó en otra cosa: la mera tarea de escribir adquirió otra dimensión, hacia abajo --hacia raíces invisibles-- y hacia arriba -en un viaje trascendente.

Fue mientras leía a Sabato por primera vez.


Eso fue con la edición de Cátedra de El túnel, en 1980.

Pero ese libro no está ahora en mi biblioteca. Sufrió el extraño destino del resto de las novelas de Sabato que leí en esos años --no sé decir si oscuros o luminosos. Dos de ellas desaparecidas --en el caso de El túnel desconozco o he olvidado cómo, Sobre héroes y tumbas prestada y jamás devuelta-- y la tercera, Abaddon el exterminador, acuchillada.

Hace poco recuperé una edición de Cátedra en una librería de viejo de Granada, aquella con la mujer en la ventanita. Y tengo un par de ediciones más --la de Seix Barral en Biblioteca de Bolsillo, una cuarta edición de 1985, y la de Edhasa/Sudamericana, una segunda edición de 1975.

Por supuesto la recuperación de todas las novelas de Sabato, en edición corregida y "definitiva", ilustrada y en pasta dura con sobrecubierta, se la debo a una ocurrencia que Charo tuvo en mi cumpleaños de 1992 (o 1993?), cuando me regaló los tres tomos del Círculo de Lectores editados entre 1990 y 1991 --que prometían un cuarto libro con textos varios, borradores, versiones abandonadas... que nunca se editó.

Hasta ese cuarto libro desconocido sufrió el mismo destino: desaparecer sin llegar a existir.

Así que 23 de junio de 2019. Comienzo la relectura de sus tres novelas por enésima vez.

domingo, 3 de marzo de 2019

Wilhelm Reich, un himno a la libertad

La revista italiana Scienza e Conoscenza incluye en su número 67, de enero de este año, un especial dedicado a Wilhelm Reich en el que, junto con artículos de Roberto Maglione y Antonio Morandi, publican una breve aportación mía aludiendo a mi libro recién publicado por la editorial italiana Macro titulado Wilhelm Reich, il genio dell'energiaorgonica e della liberazione sessuale (traducción italiana del texto publicado en España por Cauac con el título Wilhelm Reich, inspirador de rebeldía. Reproduzco aquí con el permiso de los editores, la versión en castellano del artículo.



Reich llegó a mis manos por primera vez allá por 1977. Se trataba del libro La función del orgasmo. El descubrimiento del orgón, publicado en España por la Editorial Paidos en su Biblioteca de Psicología Profunda. Aquel libro -que aún reposa protegido por un forro de plástico en mi biblioteca- me fascinó. Entendí muy poco, pero aquella mezcla de reportaje científico, diario vital y crítica filosófica me dejó atrapado y me impulsó a seguir leyendo lo que pude encontrar de su autor.
La lectura de su obra me impulsó a recorrer una multitud de caminos en los campos de la educación, la ecología y la salud, que con los años determinaron mi actividad como escritor de investigación. Reich me condujo a Neill y su carismática visión de la educación que me impulsó en su día a estudiar magisterio y que inspiró la forma en que me he relacionado con mis hijos. Y no solo eso, le debo a Reich mi aproximación crítica a la realidad, mi rebeldía y el cuestionamiento sin concesiones de la autoridad.

Y aquí estoy, cuarenta años después, procurando compartir lo que he aprendido y conseguir que este personaje excepcional logre hechizar a la mayor cantidad de gente posible. Con ese ánimo me decidí a escribir un libro que reuniera dos características básicas: que respetara al máximo las ideas y los descubrimientos de Reich con el rigor que él siempre se exigió en sus investigaciones, y que fuera accesible para personas sin formación especializada en las materias que Reich abordó.

UN LIBRO RIGUROSO Y DIDÁCTICO

Con esos objetivos me planteé un libro con tres partes bien diferenciadas en cuanto a tono, contenido y tratamiento. Una primera parte para contar la historia de Reich, en un tono novelístico que trasmite todo el dramatismo de su peripecia vital a partir de las biografías ya publicadas y de los diarios y la autobiografía del propio Reich.

En la segunda parte hago un recorrido por lo que denomino doce descubrimientos que hubieran podido cambiar el mundo... y que de hecho pueden cambiarlo si conseguimos que se abran paso entre la maraña de relaciones de poder que obstaculizan el acceso a conocimientos vitales. Cada uno de estos descubrimientos va enlazado con un itinerario de lectura que permite acceder a la obra clave de Reich y a otros libros suyos o de otros autores que profundizan en ese tema concreto.

Por último, en la tercera parte explico cual ha sido el destino del archivo de Wilhelm Reich con todo su legado intelectual, científico y humano, así como la influencia que ha tenido su obra a nivel internacional en las disciplinas en las que hizo aportaciones relevantes e incluso trascendentales: psicoterapia, psicología social, educación, medicina, microbiología, biología, ecología y muchas más.



ORGÓN: LA ENERGÍA PRIMORDIAL

Desde que comenzó sus estudios de medicina, Reich se sintió atraído por la sexualidad y el psicoanálisis y desde el principio se esforzó en plantear los trastornos y el sufrimiento de sus pacientes en términos de energía, traduciendo a una fórmula de economía energética la salud y la enfermedad, la capacidad de sentir placer o la incapacidad que se traduce en angustia debido a las defensas que la persona levantó para protegerse primero del exterior y después de sí mismo y a las que Reich denominó "coraza".

Pero Reich consideraba que los problemas no provenían de la estructura humana sino del entorno social; en otras palabras, lo que había que "curar" no era a las personas sino a una sociedad autoritaria y represora que los enfermaba. De ahí que se convirtiera en un pionero de la psicología social y planteara muy pronto cambios radicales en la forma de concebir, parir y criar a las criaturas basándose en el respeto de la autorregulación de sus impulsos y necesidades.

Huyendo de la `persecución del nazismo recorrió varios países europeos y se estableció un tiempo en Noruega donde llevó a cabo experimentos con bioelectricidad y cruzó la frontera de la biología descubriendo los fundamentos de la formación de materia viva, lo que le condujo a su descubrimiento más importante y clave de su obra posterior: la energía vital cósmica que denominó orgón.
La energía orgónica era la energía de las antiguas tradiciones, la líbido que Freud concebía de un modo casi metafórico y la fuerza de la que venían hablando las corrientes vitalistas desde hacía siglos. Reich consiguió hacerla visible y describir sus propiedades: libre de masa, presente en todas partes, en constante movimiento, puede manipularse y controlarse mediante dispositivos especiales, constituye el medio en el que se producen los fenómenos electromagnéticos y gravitacionales, forma unidades de funcionamiento tanto vivas como no vivas y es anterior a la materia que se crea a partir de ella.

Este descubrimiento lo llevó a reformular toda su teoría psicoanalítica y psicosocial y avanzar abriendo puertas insospechadas para mostrarnos las relaciones ocultas entre fenómenos aparentemente inexplicables y dispersos: las neurosis, el masoquismo, la escisión esquizofrénica, la maldad humana, la violencia, la indolencia de las masas, su abandono en manos de líderes autoritarios, la represión de la sexualidad, el maltrato a las criaturas, la educación coercitiva, el origen de la vida, los interrogantes del cáncer, los fenómenos atmosféricos, el comportamiento de los tornados o la formación de las galaxias.

CAMBIAR LA SOCIEDAD

Desgraciadamente, su honestidad provocó su trágico final: por una parte su coherencia científica y moral que lo impulsó a no detenerse jamás; por otro, fue víctima de la lógica destructiva que había cartografiado y que denominó plaga emocional, una biopatía crónica que se implanta en el ser humano desde que nace y que se manifiesta tanto a nivel individual como social pudiendo adquirir las proporciones de una pandemia, como es el caso de la Inquisición en los siglos XV al XVII o el fascismo de los años treinta del siglo XX.

Y es que todos los descubrimientos de Reich ponen en cuestión o atacan directamente las bases del sistema, y, más allá, aportan herramientas para enfrentarnos a él, argumentos para la desobediencia, conocimientos para la rebeldía.

De hecho, Reich predijo con impasible serenidad lo que iba a sucederle debido a las reacciones de la plaga contra lo viviente y contra quienes -como el propio Reich- pusieran en evidencia esas reacciones y sacaran a la luz los fundamentos de las funciones naturales del vivir. Los continuos y violentos ataques de la plaga hasta acabar con su vida demostraron efectivamente el descubrimiento social más dramático de Reich: como individuos acorazados, aislados de la naturaleza, aterrorizados de sus propios deseos, atrapados por la ira ante su impotencia, desatan el infierno de la envidia, de la difamación, de la represión contra la espontaneidad, la honestidad, la salud, la racionalidad y la verdad conectada con la naturaleza.

Son los mismos que en todas las épocas separan a los bebés recién nacidos de sus madres, los mismos que castran sus impulsos sexuales y amorosos, los mismos que destruyen su creatividad, los mismos que reaccionan con indiferencia al llanto de un bebé... son los que difaman, persiguen, queman en las hogueras reales o simbólicas a los investigadores honestos y sirven como brazos ejecutores contra la verdad al servicio de los poderes que llevan demasiado tiempo controlando el mundo.



CRIANDO A LOS NIÑOS DEL FUTURO

Frente a esos brazos ejecutores que atentan contra la vida, debemos recuperar nuestra parte animal, la que nos conecta con los ritmos naturales, con los flujos de energía, la espontaneidad y, en definitiva, con lo vivo. Reich estableció con precisión el papel de la familia patriarcal autoritaria que niega o reprime la sexualidad infantil y adolescente perturbando los flujos energético y provocando disfunciones físicas, mentales o emocionales; una labor complementada cada vez a más temprana edad por sistemas educativos basados en la disciplina, el castigo y la autoridad, la medicalización del embarazo y el parto -arrebatados a la intimidad y la sexualidad de las mujeres- y una crianza presidida por la separación de la diada madre-bebé, la imposición de protocolos médicos y el empeño en que los bebés se acostumbren, se plieguen, se amolden, se sometan de modo que los adultos acorazados satisfagan sus frustraciones y su miedo a lo vital y espontáneo y que ha dado como resultado una sociedad enferma e incapacitada para abandonarse a las emociones, a la libertad y a una sexualidad sana.

Para ello, Reich nos señaló una responsabilidad inexorable: criar a nuestros hijos en esa "tierra de nadie" entre el presente acorazado y el futuro regido por las leyes de la naturaleza; una responsabilidad que recae sobre quienes vivimos en la confusión, rodeados por la plaga, cuestionados por ese orden social que él combatió hasta su muerte.

La tarea es por tanto proteger a nuestras criaturas de la plaga emocional, construir un refugio con las herramientas que Reich nos dejó: contactar con nuestro lado salvaje para que los cachorros humanos se mantengan a salvo en su ecosistema primario: el cuerpo de la madre conectados primero a través del cordón umbilical y luego en el exterior por ese otro cordón que es la leche materna, el contacto piel con piel, la conexión orgonótica, la mirada, las caricias, el pezón vivo.
Posibilitar la autorregulación no consiste en seguir un conjunto de normas, una técnica artificiosa ni un proceso intelectual, sino justo lo contrario: implica buscar las grietas en nuestra propia coraza para comunicarnos con nuestras crías y entender que deben seguir su propio camino. Supone un doble sufrimiento: el de abrir nuestras heridas, que tanto nos costó cicatrizar, y el de aprender a soportar la libertad y la capacidad de decidir su destino de esos hijos que quisiéramos poseer para siempre pero que "son hijos e hijas de la vida, deseosa de sí misma" -unas palabras que podría haber escrito Reich, pero que escribió en 1923 el poeta libanés Jalil Yibran.

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*Jesús García Blanca (La Línea, 1960) es educador, escritor y periodista de investigación, colabora con diversas revistas de salud y publicaciones de contrainformación. Es autor de El rapto de Higea (Virus, 2010), Il potere occulto dellíndustria della sanitá (Macroedizioni, 2013), La Sanidad contra la Salud (iEdiciones, 2015),  Vacunas: una reflexión crítica (iEdiciones, 2016 y Llibres de l'Index, 2016) junto al Dr. Enric Costa, y Wilhelm Reich, inspirador de rebeldía (Cauac, 2017). Contacto: keffet@gmail.com. Blog de referencia: http://saludypoder.blogspot.com




MÁS INFORMACIÓN:

domingo, 3 de febrero de 2019

La novela de la pérdida

1 de enero, 2019

Vilas me obliga a pensar en mi propia Ordesa -que creo está dispersa en varios libros; algunos ya escritos, otros escribiéndose y otros por escribir.

Todos los escritores tienen su Ordesa: algunos la escriben y otros no; algunos la individualizan en un libro y otros no...

2 de enero

Vilas despierta en mí emociones latentes. Cada vez que habla de sus padres, para mí es como si mis hijos hablaran de mí. En ningún momento me veo en su pellejo hablando de mis padres: no es posible. En ninguna de sus poderosas frases, de sus frases arrasadoras sobre su relación con sus padres puedo identificarme con él. Recibo lo que el entrega...

No es el pasado lo que me remueve Vilas.

Es el futuro.


4 de enero

Yo nunca escribiré un libro como Ordesa.

Nunca escribiré sobre mis padres como lo ha hecho Vilas.

Vilas ha escrito la novela de la pérdida. No solo de sus pérdidas -el padre, la madre, la esposa, los hijos- sino de la pérdida como  un pozo que se abre a nuestros pies y nos engulle antes de que podamos reaccionar.

Y nos dejamos tragar -nos dejamos porque es nuestro destino: una pérdida tras otra hasta el momento en que nosotros mismos nos convertimos en la pérdida de alguien.

Hay un cierto parentesco entre Ordesa y Cámara Oscura. En el lenguaje, en la dirección de fotografía -si fuesen filmes- incluso en la música de fondo. La diferencia es que Cámara Oscura está llena de preguntas sin respuesta y Ordesa está llena de respuestas a esas preguntas que nadie se hace.

Nadie excepto los escritores.


6 de enero

Una vez más las reflexiones de Vilas me hieren.

¿Reflexiones? ¿Es esa la palabra? Yo, precisamente, sé muy bien que no, que no es esa la palabra. Lo sé porque esos breves capítulos son muy similares a esas notas que escribo cada día, cada mañana y cada tarde, cada café. Tienen la misma cadencia, el mismo ritmo, muchas veces impuesto pro el tamaño de la hoja.


8 de enero

No sé si Ordesa ha logrado cicatrizar las heridas de Vilas o al menos procurarle un breve bálsamo por esas profundas tajaduras que atraviesan la pared invisible que separa el alma de la escritura.

Espero que sí.

Con la fuerza que me da el haberme hermanado con él durante 387 páginas, el haberme acercado sin pudor durante once días, café tras café, a su sufrimiento sin medida, le deseo esa mínima paz que permite vivir.

Yo nunca escribiré una novela así. Lo sabía mientras avanzaba por sus páginas, lo supe en la primera página ya. Y ahora, tras otras 386 acaso con la certeza de lo que ya supe: yo nunca escribiré un libro como Ordesa. Lo sé yo, lo saben mis padres y lo sabe Vilas.

Hemos compartido once días de sentimientos encontrados, de sentimientos opuestos que conviven oponiéndose pero no en la misma dirección. Por eso Vilas es el narrador de Ordesa y yo no soy el narrador de Cámara Oscura ni de ese otro libro que comienza a vivir a través del Fonoautógrafo.

974310439... "márcalo ahora, márcalo si tienes valor y te contestarán todos los misterios inconmensurables: el tiempo y la nada, la ira roja de los peores huracanes celestiales, la ávida y blanca nada convertida en una mano negra".

Hice lo que Vilas ordenaba: marqué el número, el número maldito, el mismo que Vilas quiere llevar tatuado en su brazo, el número que marca una y otra vez esperando encontrar un vivo donde hay un muerto.

Marqué el número: 974310439.

Y efectivamente me contestaron todos los misterios inconmensurables: "el número que ha marcado" susurró una voz lejana sin inflexiones distinguibles, sin pasión pero no del todo indiferente, "no corresponde a ningún cliente" -que educada forma de decir que había encontrado al vivo donde hay un muerto, el vivo que me trasmite todos los misterios: "no corresponde a ningún..." 



sábado, 2 de febrero de 2019

Enterrad mi corazón en Wounded Knee y eso es todo

4-23 de diciembre

Comenzar esta historia épica me ha hecho sentir de nuevo el temblor de los libros excepcionales. ¿Será Alvaro Enrigue uno de esos escritores excepcionales? Está por ver. Aunque todo -las primeras páginas- lo anuncia con fuerza.

Se adivina que Enrigue tiene una deuda emocional con la Apachería, con el territorio y con la historia. No es de extrañar siendo mexicano y consciente de un pasado brutal -épico pero brutal.

Pero no escribe únicamente para saldar esa deuda -eso hubiese producido una novela menor, incluso un pobre alegato. Pero Enrigue no ha escrito una elegía reivindicativa, ni siquiera una reconstrucción histórica -que tan de moda están- con sabor épico.

Enrigue ha escrito una novela.

Compleja desde el punto de vista de la construcción, del montaje, medida al milímetro con cuidadosa paciencia para interrumpir y retornar, para trasladar el punto de vista zamarreando al lector entre peñascos quemados, diálogos lacerantes llenos de un humor que bordea lo siniestro, miradas que narran por sí mismas episodios casi grotescos, personajes construidos con pasión y un sentido particular del ritmo que convierte su novela sobre un mundo arrancado de cuajo a la historia en uno de esos libros que se quedan para siempre tras leer las últimas palabras.


Hay al menos tres miradas a diferentes distancias: la mirada desde lejos en el tiempo y en el espacio -desde Harlem primero y acercándose, pero al fin, la mirada de un mexicano; la mirada compartida en el tiempo pero distanciada desde el bando de los ojos blancos, conquistadores, educados, disciplinados en comparación con los pinches de ese nuevo territorio arrebatado a la Apachería y después arrebatado por los gringos; y la mirada cercana, a lomos de caballo o a pie, arrastrándose por el polvo, entreverada en los ojos aún infantiles de Gerónimo.

Las tres convergen en un punto, brillante bajo el sol, disputado durante décadas, latiendo en un pasado que se quedó a merced de los museos, las tumbas y las reservas: las montañas chiricahuas, un espacio libre y salvaje que se merecía otra historia.

Tres miradas entre el silencio, la crueldad, el calor, los designios de dioses en ambos bandos y la sonoridad polvorienta de lenguas sin posible comunicación.


23-31 de diciembre

Más de cuarenta años después comienzo aquel libro perdido que no llegué a comprar -¿por qué no?

Entretanto sigue ahí el impacto de la magnífica novela de Enrigue y sus magistrales descripciones, su perfecto encaje de piezas, su enorme capacidad para contar las cosas en perfecto desorden creando espectativas y resolviéndolas con fluidez y sin decepcionar nunca, conduciéndote como los apaches por lo más intrincado, por lo mas duro, por lo más bello de aquellos territorios de otro planeta.

Avanzo en la lectura de Enterrad mi corazón en Wounded Knee del mismo modo que los indios retrocedían ante el hombre blanco: a veces con valor, a veces con rebeldía y otras con esa enorme dignidad que finalmente les hizo desaparecer de colinas, montañas y praderas.

528 páginas dolorosas que narran con aparente frialdad que no es si no una contenida pasión, el inexorable exterminio de los habitantes libres de esos territorios sin nombre.

Estados Unidos nació, creció y se consolidó entre la sangre de estos seres del viento. No puede extrañar que ahora sean lo que son: opresión, destrucción y muerte -no son más que las señas de identidad de su origen y su expansión, la expansión del progreso que arrasa con la vida y quienes la representan.



Scherzhauserfeld y el desaliento

29 de noviembre

"La verdad no es en absoluto comunicable", escribe Bernhard. Y es verdad. Y por ello incomunicable, y por ello una frase enigmática que -como también diría Bernhard- se transforma en mentira en el mismo momento de escribirla -o quizá en el momento de leerla.

Quien quiere decir la verdad es el que escribe -el que lee no tiene porque tener siquiera intenciones cuando abre el libro y acepta tácitamente las mentiras como verdad.

Quien escribe es pues quien tiene intenciones. Pero escribir es construir verdades y por ello mismo faltar a la verdad -quizá por eso la afirmación de Bernhard.

Escribir es siempre construir ficciones. Toda escritura es ficción independientemente de la intención o la pretensión o el envoltorio con el que se entregue a los lectores -que en el fondo siempre saben que leen ficciones.

La pregunta, sin embargo, es: ¿Son las ficciones más verdaderas que los "hechos"?

La construcción única de las frases de Bernhard.

¿Cómo será leer a Bernhard en alemán? ¿Será la traducción un reflejo fiel de su peculiar escritura? ¿Desconcertará del mismo modo a un lector alemán?

"El sótano". Y después cuando uno abre el libro y pasa las páginas de cortesía... "un alejamiento".

Sugerente.

Conociendo -un poco, apenas nada pero tras la experiencia de Corrección, en fin, se atreve uno a usar el verbo- a Bernhard, ese alejamiento será profundo, será espiritual, tendrá un alcance insospechado, arrastrará turbias emociones, retorcerá a su vez el espíritu del lector...

"Mi existencia, durante toda mi vida, ha molestado siempre. Siempre he molestado y siempre he irritado. Todo lo que escribo, todo lo que hago, es molestia e irritación".

¡Menuda declaración! Menuda confesión -¿un alejamiento?

Bernhard tiene esa condición terrible de la inexorabilidad: dice lo que dice -escribe lo que escribe- y se detiene en el punto justo en el que el lector comienza a interrogarlo. Y no contesta. No confiesa -no cabe el interrogatorio.

Es un loco inasible -es un demente autocalificado. Asume su culpa -que es la falta ante la escritura. Bernhard reconoce su escritura. El alcohol te conduce a caminos despejados entre el bosque y te confunde y te cambia las rutas pre-establecidas.

No hay concesiones. No hay retornos: todo vuelve a suceder sin condiciones. La luz abre puertas y entrega paisajes sin condiciones.

2 de diciembre

Terminado El Sótano, interrumpida por ahora la escritura sobria de Bernhard con breves reflexiones sobre los comienzos, sobre el equilibrio comercio/canto... ¿Cómo acabó donde acabó? Veremos.

El aliento. Un texto que surge de las profundidades del recuerdo de la muerte cerniéndose sobre el narrador y que desde el principio ha perforado mis propios recuerdos para ponerme frente a una visión inquietante, la visión -por ahora fugaz- de un episodio casi olvidado de mi infancia, una visión gris, una visión enigmática, una visión dolorosa -o que yo he sabido en el momento de tenerla que correspondía a un suceso doloroso.

Una vez más, las palabras de Bernhard, las palabras del escritor narrador protagonista de esta biografía amarga, reviven mis propias palabras o imágenes o sonidos.

El sótano, los rituales del pequeño negocio de comestibles con sus cotidianas repeticiones me condujeron al almacén -yo hubiera podido titular así: El almacén, un lugar.

El sótano y las incesantes, mecánicas, intrascendentes operaciones de carga y descarga hubieran desvelado el paralelismo: hacia el lado opuesto.

Leed de vez en cuando a Bernhard...

miércoles, 28 de noviembre de 2018

El ala izquierda de la noche

9 de noviembre, 2018

Comenzar un libro de Cartarescu es cruzar un umbral hacia lo inquietante, hacia lo fabuloso, lo siniestro, lo desaforado; hacia tu propio interior desgarrado.



No tengo ni idea de cómo puede un no escritor leer a Mircea -qué le dice, qué le remueve, qué puede impulsarlo a seguir adelante.

Claro, ahora me doy cuenta de que yo nunca leí sin ser escritor -dejando a un lado los tebeos y aún eso lo dudo. No sé lo que se siente al leer sin escribir o sin pretender escribir o sin haber escrito lo que debías escribir o sin tener planeado escribir.

La intensidad de Cegador es comparable a la de Solenoide. Claro que como leemos en desorden -al menos todos los que hemos tenido la paciencia de esperar la traducción de Impedimenta- la cosa es justo al revés: Solenoide transcurre en la Bucarest alucinada, distorsionada, nocturna y onírica que Mircea creó en Cegador dos décadas antes.

Quizá la única Bucarest que es capaz de mostrar, la única en la que vivió, o en la que sobrevivió durante esa infancia y esa adolescencia tortuosas.



12 de noviembre

Como ya hacía en Solenoide, Mircea te hace creer que estás leyendo un libro sobre su infancia y su adolescencia y sus recuerdos en Bucarest.

Y caes en la trampa: abandonas toda defensa, te lanzas sin precaución sobre lo que crees -o haces como que crees a estas alturas- una inocente historia compuesta de recuerdos, de "hechos reales".

Y unas líneas más allá, el horror.

El oscuro ser sufriente que se esconde tras la sonrisa un poco forzada de Mircea surge de entre las tinieblas que él mismo compone y te desgarra de arriba abajo, de dentro afuera, durante cientos de páginas.

"Sarcopto".

¿Qué significa? Es una de esas palabras de Mircea. Una de esas extrañas palabras que conecta con el mundo de los insectos -¿por qué? No lo sé. Suena a caparazón crujiente, a existencia remota y frágil, a presencia inquietante un poco más allá de lo perceptible, como si evocara un mundo, no un submundo que reposa lejos de la percepción, esperando su momento para dejarse ver, para que la especie humana se haga consciente de su existencia discreta e inquietante.

18 de noviembre

He retomado Cegador.

Tras el paréntesis alocado de San Francisco, Bucarest parece aún más oscura, más siniestra, más dolorida por los bombardeos, más ensangrentada... Y también, más llena de literaturas, más empapada por la escritura de este ser sufriente que en nada se parece a Kerouac.

Otra vez el mundo subterráneo. El universo sabatiano que se esconde en las entrañas de Cartarescu, de Budapest, y con el que conecto de modo tan directo, tan simple, tan absurdamente cotidiano, como si esas cavernas, esos pasadizos, esos túneles, fueran alimento habitual de los tres -y de quién sabe cuántos más...

¿Por qué hipnotiza de ese modo la memoria de la infancia? Buscamos en el pasado, en un pasado remoto que a pesar de ello ha dejado una huella invisible pero sangrante, una huella que sjupura, que pica, que contrae, que trastorna los sentidos y provoca un temblor que te recorre la piel sin palabras.

20 de noviembre

Mircea ingresa en los mundos de HP.

No sé exactamente cómo lo ha hecho: cómo ha pasado de Bucarest a Nueva Orleans y sin apenas cambiar el tono, la construcción de las frases, la poética oscura de un texto que se convulsiona para estrujarte el alma, ha conseguido mutarse -como un insecto que penetrara por la nariz de un durmiente- en el pellejo de Lovecraft.

Y ahí estamos: el horror...

21 de noviembre

Para hablar de la escritura de Cartarescu hay que recuperar el impacto original de tantas palabras desgastadas por el uso comercial, palabras a las que se ha vaciado de significado. Cegador es de esos pocos libros -¡afortunadamente!- que lees con un enorme esfuerzo emocional, que lees en pequeñas dosis, con frecuentes interrupciones, a veces de pequeños párrafos al final de los que tienes que pararte, cerrar el libro, mirar el horizonte -es mucho mejor leerlo en espacios abiertos, lejos de los insectos- y preguntarte sin palabras: ¿qué he leído?

22 de noviembre

Cartarescu apabulla.

Te arrincona contra una pared fría hecha de escombros de tu pasado y te envuelve en una sopa de símbolos, en un vómito de recuerdos retorcidos, en una capa flexible y resistente de líquido amniótico fabricado en su cerebro que empapa el tuyo, que se cuela entre sinapsis y retuerce tus conexiones y las membranas y los líquidos desconocidos y el discurso sin signos de puntuación que penetra sin pausa.

Cosas como Cegador y Solenoide no se planifican.

23 de noviembre

Cuando lees a Cartarescu pierdes la noción de realidad. No sabes si estás asistiendo a una cruda, imposible, siniestra clase de anatomía impartida desde el interior de los personajes descuartizados, desollados, desmembrados... o si es tu incapacidad para conectar con una sensibilidad tan extrema lo que se traduce en una fantasía interminable, inabarcable.

Cómo es posible dejarse llevar, abandonarse -me refiero a la escritura, a Mircea y sus manos sobre el cuaderno- de ese modo tan... busco adjetivos en vano: luz cegadora, cegador, el ala izqwuierda, el hemisferio izquierdo del cerebro, de la existencia...



24 de noviembre

La mariposa es un híbrido de repugnancia y delicadeza, de belleza cuasi transparente y esa polvorienta desazón de anillos de gusano que se retuerce crujiendo y trasmitiendo una sórdida sensación de roce, de luz borrosa, de rastro pegajoso y vibrátil.

La mariposa es un ser de luz y al mismo tiempo un rastro oscuro de la noche.

Pocas cosas definen mejor la escritura de Cartarescu que esa portada con la mariposa inmóvil como capturada en el tiempo, como si quisiera confundir al lector mientras acerca las manos al libro para buscar la última página leída.

27 de noviembre

A pocas páginas del final de la primera parte de Cegador, siento aún esa explosión de literatura. Las huellas, los cardenales, las moraduras, la inflamación, incluso las heridas de ese brotar sin contención entre el delirio y la lucha por compartir memorias alucinadas, fragmentos de una infancia absolutamente improbable y terrible, indudablemente distorsionada por la imposibilidad de digerir experiencias, de comprender el mundo -¿qué mundo? ¿Qué es el mundo? ¿De qué mundo hablamos, escribimos, escapamos, escribiendo o elevando una plegaria en forma de novela?

28 de noviembre

Página 402. El último aliento es una teoría del Todo, una alegoría de la Creación, una elegía de un mundo que nos pertenece porque le pertenecemos, una épica de lo retorcido que hay bajo nuestra piel: órganos, células, moléculas, lepidópteros, redes que son telas de araña, líquidos que son principio y fin, un cóctel de líquido seminal y cerebro licuado, una baba de caracol que es hemisferio izquierdo de un cerebro que se retuerce y se exprime.


sábado, 17 de noviembre de 2018

El libro de las lágrimas de Kerouac

Una recomendación en facebook, o más que eso: el recuerdo de una lectura de juventud que marca una vida, me ha traído a Kerouac.

He interrumpido la intensa Cegador I para viajar a los subterráneos, al San Francisco -real o imaginado- de los cincuenta, a la alegre y calurosa California, a los pasos desconocidos de Kerouac y Olmo al ritmo del Bop frío.

Y sí. Es él, el de siempre, el de hace años, el mismo que se asomaba desafiante desde el rollo de On the Road y el mismo que acompañaba a Neal -que para mí será siempre Nick Nolte en aquella peli de John Byrum con música de Jack Nietzsche que vimos juntos en un cine de verano de Granada hace mil años.

Extraña sensación leer a Kerouac mientras describe las montañas y el desierto más allá de San Francisco con el recuerdo aún vibrante, intenso de mi conversación con Olmo esta madrugada -justo unas horas después de que comenzara a leer las páginas de Los subterráneos- mientras él camina esos mismos paisajes o los recorre en un viejo carro que muy pronto morirá en un arcén bajo el sol.

Los subterráneos es una explosión de texto.

Es efectivamente como los excesos de Charlie Parker, como su extraña impaciencia ante el mundo, su búsqueda sin medida -que Cortázar narraría con meticulosa melancolía.

Los personajes -los alter ego de Kerouac y su pandilla- son fragmentos de existencia al servicio de un fulgurante zoom de emociones desbocadas, de vivencias al margen, o mejor, por debajo de la vida ordenada del American Way of Life -de ahí el título.

Blake, Baudelaire, la noche, el jazz.

Son las referencias que Kerouac quiere grabar en la mente del lector y las repite una y otra vez. Porque quiere teñir de negro su "libro de lágrimas" o porque quiere desdramatizar y convertir la historia en juego literario...

Pero luego están esas larguísimas frases -como las que escupe el saco de Parker o el piano de Monk- llenas de sufrimiento, de rastros fugaces, de unas vidas lanzadas a un futuro irremediablemente corto, inmediato, frustrante, teñido de alcohol y maría.

"Y yo me vuelvo a casa habiendo perdido su amor.
Y escribo este libro".



sábado, 10 de noviembre de 2018

Los hombres K de La Nave


Ahora sí, cuento lo que venido llamando el viaje al futuro pasado o al pasado futuro...

Cómo llegaron a mis manos, a mis ojos, los libros que me transformaron -o dicho desde el otro lado, los libros que me ayudaron a encontrarme a mí mismo?

Poe, Lovecraft... el Boom... K... lo difícil es llenar los puntos suspensivos...

De tanto en tanto me hago consciente de ese cúmulo de imágenes y sonidos, de ese archivo emocional que he ido depositando en lugar desconocido pero siempre a mano, siempre disponible -incluso de forma automática o inconsciente: los libros que leí, las películas que vi, la música que escuché.

Todo esta ahí, incluso lo que no puedo recordar inmediatamente porque supondría un peso excesivo para mi pobre cerebro pero que está almacenado, clasificado, organizado... de alguna forma misteriosa.

El viaje no lo empecé yo, sino una desconocida que no he vuelto a ver.

Pequeña, de unos cincuenta años, alemana a juzgar por el acento con el que pronunció unas pocas palabras en el momento de depositar, como una ofrenda, el ejemplar de Steppenwolfe en mi mesa, en la solitaria terraza de la cafetería frente a las palmeras.

Se dio la vuelta y desapareció bruscamente mientras yo examinaba la edición de bolsillo en alemán del emblemático libro de Herman Hesse

Así fue como comenzó.

Por la tarde comencé la relectura de Hesse: la trilogía de la rebeldía -Bajo las ruedas, Demian y El lobo estepario- y Siddharta, el contrapunto. Recuperé algún ejemplar perdido y compré una edición de 1978 -la que debí comprar en su día- de El juego de los abalorios: qué ocurrió? qué libros se cruzaron zancadilleando esa última lectura de Hesse que debía hacer y que ahora queda a la espera indefinida?

Obedecí sin rechistar los caminos invisibles, la armonía del espíritu y regresé 41 años después al Zaratustra de Nietzsche. Entretanto expurgué la biblioteca en busca de aquellos libros. Los que penetraron en mí hace cuarenta años, los fechados en 1976 y 1977, los anteriores a mi salida del instituto, los más olvidados y más profundamente enterrados en mi memoria, en el olvido, en lo informe y oscuro y sin palabras.

Busco esas palabras.




Caminé a un lado y a otro del piso recorriendo los estantes y cogiendo de tanto en tanto un libro para abrirlo y comprobar la fecha: 76, 77, 78. En algunos no hay fechas pero el recuerdo es muy potente y el color amarillento de las hojas así lo confirma. Son libros de entonces. Son esos libros -destrozados, deshechos, forrados de plástico, reparados con cinta adhesiva o deformes ya por los trasiegos de mudanzas y relecturas. Son esos.

Los aparto con gestos de respeto, con cuidado en atención a sus padecimientos, y los apilo en cierto lugar de mi mesa, a la espera.

No tengo forma segura de saber en qué fecha exacta leí cada libro, ni el orden de lectura ni mucho menos por qué ese y no otro. Ahora tampoco tengo claro porque leo cada uno de esos libros perdidos, qué me conduce de uno a otro.

Solo sé que hay secretos en ellos.


La nave. La puerta a la ciencia ficción. La escritura -"Yo, Shim, hijo de Kanti y Torna, hombre de letras de la nave...". La identidad, la libertad, la realidad fabricada por el Poder. La rebelión.

Como en todos los libros que releo voy encontrando una extraña mezcla entre lo recordado y lo que aparece como novedoso. A su vez, cada uno de estos elementos es heterogéneo, su composición es desconocida o al menos no puedo fijarla con precisión.

Quizá esta búsqueda es la de Shim, que lee el Libro y no reconoce como propias sus palabras -a mí en cambio me ocurre casi lo contrario: leo esas palabras ajenas y se me presentan como propias, como si fueran parte de mí... o yo fuera parte de ellas, el resultado de ese círculo de dolor que producen las letras, la atracción de la escritura, el desafío de su prohibición -una ley no escrita que Kafka evocaba diciendo: "Dios no quiere que escriba".

Somos los rebeldes, los hombres de letras autonombrados que escriben sin permiso, los hombres K de La Nave.

2001 había marcado un antes y un después... de qué? Del asombro. Hasta entonces no sabía lo que era. Lo supe cuando en aquella pantalla -de las de antes: gigantesca- del cine Imperial apareció lentamente la burbuja luminosa conteniendo el feto cósmico que despertó mis sentidos con una orden que no admitía paliativos: busca; viaja al exterior y al interior, recorre caminos trazados y no trazados, habla, escucha, escribe...

Paralizados en los asientos entre los últimos acordes de Strauss, una pausa eterna y el comienzo de nuevo del Zaratustra sin que pudiésemos estirar las piernas y salir: otra vez el amanecer del hombre, otra vez el vértigo cósmico.

Mientras llega el siguiente libro perdido, el enésimo libro recuperado, voy picoteando relatos leídos o no en las viejas antologías de Bruguera, con esas horribles portadas, el papel amarillento lleno de manchas, el precio en pesetas -80 en la sección 21- publicadas en los setenta en España a partir de la revista Fantasy and Science Fiction, la leyenda estadounidense. Son relatos sombríos, por momentos ocurrentes, escritos con eficacia y sin alardes literarios. Lo justo para que tres chicos de 17 años quedásemos absolutamente hipnotizados.


Después de 40 años, he asistido al despertar de HAL.

Ha sido una experiencia extraña, intensa, emotiva, equívoca, casi al borde del llanto cuando ha pronunciado sus primeras palabras después de años muerto y abandonado en torno a Júpiter, en el interior vacío de la Descubrimiento.

Jamás hubiera pensado que este viaje de retorno al pasado iba a proporcionarme una emoción tan intensa que solo puedo comparar con otra más remota...

Mi lectura de El Guerrero del Antifaz se detuvo en el último tebeo encuadernado por mi padre, el número 73, con el Guerrero rodeado de enemigos... El tiempo pasó y un día, en una de mis habituales visitas a la librería San Pedro para descubrir libros de artes marciales, descubrí que los tebeos del Guerrero habían comenzado a reeditarse, aunque hacía algún tiempo puesto que el ejemplar que tenían expuesto se distanciaba con generosidad del legendario número 75 en el que yo me había quedado.

Comencé a comprar los tebeos y a leerlos en 1973. Para entonces había pasado tiempo desde que deje al Guerrero atrapado al final del tomo dos de mi padre. Pero cuánto tiempo? Y cuánto tiempo más hasta que comencé mis visitas a la casa de Mota, el amigo de mi padre que tenía toda la colección reeditada para leer en el sofá de su salón el puñado de tebeos que conectaba aquel final cortado en seco con las nuevas aventuras? Cuántos días estuve visitando aquella casa y leyendo en la soledad de un salón impersonal tebeo tras tebeo?

Y aquí lo dejo. Porque no se deben trasgredir las fronteras entre lectura y escritura. Y he descubierto que hay una historia escondida en este viaje, una historia que debo escribir.

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Una lista de los libros leídos durante el viaje al futuro pasado o al pasado futuro:
Bajo las ruedas, Demian, El lobo estepario, Siddharta, Así hablaba Zaratustra, Apología de Sócrates, Juan Salvador Gaviota, Ilusiones, Menon, Fedon, Fedro, El banquete, Gorgias, La nave, Nuestros antepasados extraterrestres, Poemas de Miguel Hernández, Ciencia Ficción: Primera selección, El hombre en el laberinto, Farenheit 451, Relatos de Asimov, Un mundo feliz, Yo, robot, Sueñan los robots con ovejas eléctricas?, 2001 un odisea espacial, Solaris, Crónicas marcianas, El triángulo de las Bermudas, Selección Asimov, 2010 odisea dos, 2065 odisea tres, 3001 odisea final, Memorias encontradas en una bañera, En la tierra sombría, Neuromante, Los amantes.


Y otra de los libros mirados, leídos a trozos, repasados, revisados, revisitados...
Las moradas filosofales, El misterio de las catedrales, Estamos solos en el cosmos?, El retorno de los brujos, Tao Te King, Acali, Ecce Homo, El triangulo mortal de las Bermudas, De veras los OVNIs nos vigilan?, Cuentos completos de Oscar Wilde, El día en que murió Guernica, Aforismos sobre el Yoga, Los mejores cuentos de ciencia ficción, Música pop y juventud, Ciencia ficción;: selección 21, Expedición a La Tierra, Viajeros del tiempo, Historias de misterio e imaginación, Poeta en Nueva York.

Y cada noche, acompañado de la música de Pink Floyd, de Alan Parsons Project, de The Moody Blues, de Genesis...

jueves, 8 de noviembre de 2018

Auster en la oscuridad

Mientras me preparo para contar mi viaje de meses al pasado futuro o al futuro pasado...

6 de noviembre

Ha sido un acierto volver a la literatura con Auster, un escritor para escritores.

No sé si Un hombre en la oscuridad es una copia de sí mismo o su mejor novela -los dos extremos que he revisado en las reseñas de internet. Pero me está sirviendo para recuperar -suavemente- el pulso de la escritura y recordar las viejas emociones de El libro de las ilusiones cuando acababa de llegar a Ex y M. me regaló -como le dije- no un libro, sino un escritor.

Y aquí está de nuevo su magia y la magia del cine.

Abandonarse a la lectura. Auster es ideal para ese propósito. Sus novelas son historias que se abandonan a la escritura. Estoy seguro de que no planifica, de que un buen día escribe una frase especial, una frase de esas que inician una historia... "Estoy solo en la oscuridad, dándole vueltas al mundo en la cabeza mientras paso otra noche de insomnio, otra noche en blanco en la gran desolación americana". Una frase como esta.

Y a partir de ahí -hecho ya lo más importante- Auster se abandona y los lectores nos abandonamos.




9 de noviembre

Pasa siempre con Auster: cuando descubre su juego sientes que ya lo sabías pero igualmente te sorprendes, te admiras, te gusta. Es un maestro de los giros, no solo de los giros argumentales, sino de los retorcimientos de la estructura, de los planos, de las perspectivas, de la comunicación entre mundos.

Un maestro desdibujando los límites entre planos de realidad y planos narrativos. La peripecia puede cambiar y gustar más o menos al lector, pero todo el juego narrativo siempre da resultado: emociona, sobre todo a escritores.

Y esta vez incluso formula su teoría:

"No hay una sola realidad, cabo. Existen múltiples realidades. No hay un único mundo. Sino muchos mundos, y todos discurren en paralelo, mundos y antimundos, mundos y sombras de mundos, y cada uno de ellos lo sueña, lo imagina o lo escribe alguien en otro mundo. Cada mundo es la creación mental de un individuo".


lunes, 5 de noviembre de 2018

PH: 40/70 años

5 de noviembre, 2018.

PH cumple 70 años.

Yo lo escuché por primera vez un día impreciso  de 1977.

Durante una de mis habituales expediciones en busca de libros y música, encontré, en una estantería de Almacenes Mérida, en Algeciras, un disco cuya portada me atrajo con enorme fuerza: un hombre apoyado en el lado izquierdo del alfeizar de una ventana frente a una guitarra tipo Gibson negra con un fondo de paisaje borroso interrumpido por una pegatina circular: "lead vocal Van der Graaf Generator".

Ese mismo día había comprado unos auriculares, de modo que cuando volví a casa decidí probarlos con aquel disco y sin advertirlo puse la cara B. Aquel error hizo que las primeras palabras que escuché en la voz de PH, sentado en el suelo del salón de mi casa de la Calle Alemania donde tenía mi equipo de música, fueron "The stars in the heaven still shine", así, sin ningún instrumento, pronunciadas por esa voz que rasgó todas las capas de mi piel, que se abrió paso a través de la carne, del cerebro, del oído y del corazón, y ahí se quedó para siempre.

Esa voz que me acompañará, que me ha acompañado durante 40 años, susurrando y gritando, alentándome en mis tristezas, descubriendo mis desesperaciones, acompañándome hasta el fondo del abismo.

Demasiadas canciones para elegir una. Demasiadas palabras para recoger aquí algo que que trasmita la fuerza arrolladora de su personalidad. Demasiados momentos compartidos para contarlos, para aproximarnos a su significado. Simplemente no podría entender una parte importante de mi vida sin PH, sin K, sin esa capacidad creadora que tanto me ha dado, sin esos dedos temblando entre las teclas del piano o aferrando y destripando una guitarra, sin esa voz imposible de describir con palabras, esa voz que vibra con las frecuencias secretas y profundas que nos conectan con las emociones, con los miedos, con las inquietudes, con los interrogantes... con la vida.

He dicho que no puedo elegir una canción. Sí que puedo, para siempre... Refugees.