jueves, 27 de julio de 2023

PH en la noche de brujas





Aquí, en el café Peregrino, en el corazón del casco viejo de Pamplona, mientras ella descansa en la furgona que es ahora nuestro hogar, recordando una vez más la noche de emociones encendidas en el claustro del antiguo convento de Santa Chiara, en Piacenza.


Tras un rato de espera y discursos de presentación, PH camina rodeando las butacas alineadas en el patio del claustro y sube al escenario sosteniendo la guitarra en una mano y un puñado de hojas sueltas en la otra. Ella y yo nos apretamos las manos y cruzamos una mirada que recoge tantas cosas que hemos hablado sobre este momento…


PH suelta la guitarra y se sienta al piano de cola que ha presidido con su majestuosa figura el rato de espera. Permanece inmóvil apenas unos instantes y a continuación posa sus dedos sobre las teclas: el tiempo se rompe y mis ojos estallan.


Siete días antes, el 16 de junio, sentado en la terraza del café Limette, en Friburg, yo había escrito: “PH sale lentamente de la oscuridad y tras unos pasos se sienta ante el piano: suenan las primeras notas, las que había imaginado como arranque entre el lirismo y el misterio de una noche mágica: My room”…


Y en los días que siguieron volví a describir el comienzo del concierto con ese mismo tema. Lo escuchaba, veía sus manos interpretándolo, sentía esas primeras notas, esas palabras iniciales: “Sear… ching for diamonds in the sulphur mine… leaning on props which are rotten”…


Así que ese momento inicial, ese arranque de la noche con PH al escuchar esas notas, esas palabras de uno de los discos emblemáticos de Van Der Graaf, provocó en mí un desgarro por la confirmación de mi certeza y por el cruce de emociones por lo que ello significaba.


“Dreams, hopes and promises… promises… promises…”


Después, un Just good friends aún más melancólico que el de Love songs y otro impacto que me impulsó a agarrarme a ella para sentir su piel entre el frescor del rectángulo de piedras y andamios: Easy to slip away…


Y así, una hora y tres cuartos en un recorrido nada sistemático de esos cincuenta años de creación, más bien parecía que cada tema le sugería el siguiente, como enlace o como contraste, o siguiendo quién sabe qué itinerario emocional hecho de recuerdos o de retos o de imaginación desbordada: The mercy, The descent; el cambio ritual a la guitarra: un The Comet particularmente violento, los susurros de Shingle song, la solidez de Comfortable, el frágil lirismo de Ophelia, un Modern rotundamente agresivo, la delicadeza de Patient y el retorno al piano: A way out hasta lo más profundo, A better time, la nota de optimismo sin medida, Stranger still con un final de gritos estremecedores, Your time starts now y el final con Train time…


Se levanta. Da las gracias sonriendo y baja poco menos que a la carrera para huir del escenario agarrándose la nuca con las manos, con toda seguridad agotado, como diría Sabato, habiéndose vaciado de casi todo. Casi, porque aún quedaba un maelstrom final.


Ella y yo nos habíamos levantado con los aplausos finales de Train time y corrido hacia el fondo, donde el camino del escenario, flanqueado por cuerdas, lleva a las escaleras y la puerta de los improvisados camerinos. PH se detiene en el umbral, parece desconcertado, abrumado por los aplausos.


A pedido de la gente, el organizador del acto sube hasta el micrófono y llama: “Peter Hammill”. PH se detiene, se da la vuelta y camina de nuevo hasta el escenario. Se sienta al piano, levanta las manos, cierra los ojos: ahí ya lo sé; sé lo que va a tocar. Transcurren todavía unos momentos. La abrazo por detrás; los dos de pie, paralizados, estremecidos cuando suenan esas primeras notas y esa voz… “North was somewhere years ago and cold”…


Noche de San Juan. Noche de Sabato y las brujas. Noche de PH.


Los hados me han concedido escuchar la canción más emotiva del mundo del modo más intenso e inolvidable: abrazado a ella en la penumbra veraniega de ese convento en ruinas bañado de luces irreales que transforman los muros… “west is refugees home”… cada interpretación de Refugees es única, pero esta vez no solo añade matices a la entonación, a ciertas sílabas, a ciertos pausas o toques del piano, también introduce un cambio casi imperceptible pero lleno de belleza e intensidad en la letra, y en lugar de decir “but we’ll be happy on our own”, dice: “trying to be happy on our own”… lo intentaremos Peter…


Se levanta. Recoge sus partituras y su guitarra. Baja del escenario, esta vez muy despacio, y se marcha solo entre la penumbra donde lo abordo, aprieto su delgado brazo que saluda con las partituras desordenadas: “Thank you very much for all those years”. Asiente. Sube a saltos las escaleras y desaparece tras la puerta.


martes, 21 de marzo de 2023

Jesús García Blanca publica la Trilogía 1977


Las primeras palabras de esta trilogía fueron escritas durante el verano de 1984 en busca de respuestas a los misterios de la niñez.

Desde entonces, la Trilogía 1977 ha ido desarrollándose abarcando más y más recuerdos que se entrelazan con las historias de tres inventores geniales y malditos: Nicéphore Niepce que consiguió realizar la primera fotografía de la historia, Charles Cros inventor de un artefacto para grabar y reproducir sonidos y Agustín Le Prince, autor de la primera película conocida.




En la primera entrega, El Fondo de la Luz, el relato revela escenas casi olvidadas de la infancia del autor, palabras que no entendía, pesadillas que lo acosaban…

Al interrogar a sus familiares sin conseguir respuestas se convenció de que algo había sucedido en su familia y comenzó a buscar pistas en las viejas fotografías guardadas en su casa.

Con los años, esa investigación sin resultados se sumó a la atracción por la fotografía y por la historia de su invención.

En la segunda entrega, Las Escrituras de la Noche, las voces narrativas se disgregan en perspectivas diferentes y el autor recupera su relación obsesiva con la música, viaja al pasado para encontrar al poeta maldito que inventó el paleófono, y a un futuro inquietante en el corazón de la Ciudad Libre… una mezcla de emociones concentradas en el mágico, nebuloso y caótico 1977.

La tercera y última entrega, Las Últimas Preguntas, tiene el cine como eje argumental. Los interrogantes retornan, se retuercen, se abren para volver al pasado y llevar a cabo la búsqueda final en las profundidades de la InterZona, el territorio de la memoria y la imaginación.

La Trilogía 1977 resulta ser así un laberinto trazado en la mente de su autor por el que vagan sus descendientes buscando —por encima de sus contradicciones, sus errores, sus extravagancias— dar un sentido a su legado.


JESÚS GARCÍA BLANCA Maestro durante treinta años e investigador social entre 1994 y 2022. Es autor de cinco libros —en castellano, catalán, italiano y francés— en los que analiza las relaciones de poder en los campos de la salud, la educación y la ecología. Y ha publicado cientos de artículos sobre estos temas en Discovery DSalud, Ekintza Zuzena, Tu Bebé, Mente Sana, y Cuerpomente, entre otras. En 2022 retomó sus proyectos literarios y ha publicado las novelas: El Manuscrito de Apolonio, primera entrega de El Segundo Río, y Redención, arranque de la Trilogía de la Ciudad Blanca.



Primera entrega: El Fondo de la luz. 131 pp.
Segunda entrega: Las Escrituras de la Noche. 270 pp.
Tercera entrega: Las Últimas Preguntas. 273 pp.



miércoles, 29 de junio de 2022

Lecturas de El Segundo Río (1)

La primera entrega de El Segundo Río, El Manuscrito de Apolonio, tiene un largo recorrido desde que escribí los primeros textos en 1980. Y desde entonces ha ido reuniendo un puñado de lectores, personas cercanas que han tenido la paciencia y casi diría el arrojo de dedicar su tiempo a leer esas páginas paridas con placer y dolor que me han acompañado casi toda mi vida.

En algunos casos, esas personas me han hecho llegar sus comentarios sobre la experiencia de su lectura, palabras de apoyo o simplemente impresiones de un viaje que cada cual ha vivido a su manera.

Voy a compartir fragmentos de esos mensajes que quizá animen a otros lectores a emprender ese viaje ahora que tras un duro y minucioso trabajo de corrección la novela está disponible públicamente.



Dado que todos los días tengo que viajar dos horas ida y dos horas vuelta para ir y venir del trabajo, he vuelto a coger tu novela para hacer una segunda lectura [...]. Estoy disfrutando como una bellaca en esta nueva lectura [...] Hasta me he apuntado algunas de las recetas que salen porque me apetece comerlas.

Algunas ideas, comentarios, palabras... sin orden. Me parece fantástica la forma en que has construido la novela. [...] Cada vez que descubro cómo un trozo encaja con otro anterior, me produce como un "regusto" porque me encanta esa forma de contar una historia, esa forma de ir dejando abiertas ciertas partes para luego retomarlas. Tú mismo lo defines en este trozo: "sin tiempo, con una especie de simultaneidad infinitamente diversificada, multiplicada o soñada, como si los acontecimientos de toda mi vida, pero especialmente estos que aún me atormentan, fueran unos hijos de otros, unos creados por otros, pero no en el sentido de causa o consecuencia, sino como si estuviesen unos dentro de los otros, existiendo a la vez pero en diferentes planos, unos por otros, unos concebidos en otros y a la vez sostenidos por ellos, como si la memoria no fuese dar marcha atrás, sino simplemente mirar, sin orden, en todas direcciones".

Creo que le he cogido un tremendo cariño a Démades y disfruto con cada palabra suya cuando va relatando su historia con Dinarco. Es para mí una persona muy especial, imponente diría yo.

Con la parte de Alejandría empecé a sospechar (y no me he equivocado) que la novela iba a suponer para mí una de las lecturas más intensas que he hecho, y que el grado de disfrute iba a ser muy superior a cualquier cosa que haya leído (como así está siendo).

Al entrar de lleno en Qa'art Hadast, me acordé que tengo el CD de la banda sonora de Alejandro, de Vangelis. Así que decidí leer algunos trozos en casa oyendo esa música [...] y la verdad es una experiencia preciosa. Casi me parecía estar con ellos en esos locales bebiendo kefet (lo sustituí por unos chupitos de pacharán). A veces levantaba la vista de los folios y me parecía que iba a ver a Eudoxo con su caja musical, o a Démades arremolinado en el sofá con su jarra de vino y esa mirada tan intensa que a veces tiene (o siempre).

En toda esta parte (y quizá en toda la novela) veo esa idea de que no somos libres, de que creemos ser libres sin serlo. Esa vigilancia que siempre ha existido, poderes de ahora y de siempre, poderes sin caras pero que muchos sabemos que están ahí acechando [...].

Para mí, Apolonio sencillamente eres tú; así de claro lo tengo. No consigo ponerle otra cara, incluyendo tu forma de vestir actual, no consigo verlo vestido con ropa de la época, y al ser él tú y tú él, es el personaje que más conozco, es entrañable y me adelanto a veces a su forma de actuar, o cuando leo algunas de sus determinaciones entiendo que no podría ser de otra forma porque sé cómo es y qué haría [...]. Te veo en sus palabras, te reconozco perfectamente.

Me atrevería a decir que hay trozo en los que me veo a mí misma, hay cosas que leo con las que me identifico totalmente y con ello, me voy conociendo mejor. Como si hubiera partes de jí que aún no he definido y al leer tus palabras entiendo que yo soy así o he sido así. Como cuando sospecho cosas de mí y no se nombrarlas porque me faltan las palabras y aquí las encuentro.

Bueno, esto es un ejemplo: "Decía que nunca estábamos satisfechos con nuestras decepciones, que siempre continuamos escarbando en aquello que nos parece aún sólido y estable, siempre buscando una fisura, algo que nos lance de nuevo a ese océano de la inseguridad, que nos devuelva la duda, la necesidad de continuar interrogando a nuestro entorno, que nos reporte nuevamente excusas para la autocompasión, para la insatisfacción, para la búsqueda permanente ... que todos dejamos de ser cada uno para perdernos en aquellos que amamos".

Sigo con mi viaje.

Charo, 2010.



viernes, 24 de junio de 2022

111 años... última sincro-lectura: Sabato

Imposible no acudir a mi cita de cada año con Sabato y la noche de brujas.

Sabato hubiera cumplido hoy (o ayer) 111 años, un número irresistiblemente rocambolesco.

Y este año es especial porque Antonio Ñeco -autor de El Maestro de Casas Viejas- y yo hemos decidido abordar nuestra última Sincro-Lectura, que será, por supuesto Sobre Héroes y Tumbas.

Volvemos a caminar con Martin por Buenos Aires. Volvemos al Parque Lezama donde intuimos la presencia vaga de Alejandra. Volvemos a cabalgar con el general Lavalle. Volvemos a descender al mundo ominoso de los ciegos. Volvemos a hacernos las preguntas esenciales y a constatar que no tenemos respuestas...

Y eso es precisamente lo que nos mantiene escribiendo o pensando en escribir o decidiendo que vamos a escribir o aguantando el tirón de los acontecimientos cotidianos hasta volver a escribir...





miércoles, 22 de junio de 2022

El Segundo Río edición tapa dura ya a la venta


El Segundo Río
El Manuscrito de Apolonio
(Tomos I y II)






Un grupo de soldados llega a una playa desierta en el norte de Rodas. Son parte de las operaciones preliminares de uno de los más sangrientos asedios de la antigüedad dirigido por Demetrio, el hijo de uno de los generales de Alejandro. En las murallas, un joven aterrorizado contempla el comienzo de la invasión y decide huir en la noche bajo la lluvia.

Muchos años después, ese joven desertor, Apolonio de Rodas, será director de la Biblioteca de Alejandría y comenzará a escribir el largo poema que narra las aventuras de los argonautas mientras trabaja a petición del rey Tolomeo para descifrar una antiguo manuscrito. Durante su investigación descubre peligrosos secretos que lo obligan a huir de nuevo.

Regresa entonces a Rodas donde se encuentra con Démades, uno de los soldados que desembarcaron para preparar el asedio de Demetrio. Perseguidos por un enemigo inefable navegarán juntos hacia el este, hasta Cartago, donde sus destinos se cruzarán con el del estratega Amilcar Barca y su interminable lucha contra la república romana.

Démades y Apolonio emprenden entonces caminos separados: el primero hacia Roma, el segundo hacia Gadir, donde logrará terminar las Argonáuticas y encontrará las últimas respuestas a los interrogantes que lo han perseguido durante toda su vida.

El Manuscrito de Apolonio, escrito y re escrito durante cuatro décadas, es un viaje a la antigüedad en el que la historia se funde constantemente con la ficción y las obsesiones de su autor: la geografía mítica de Homero, rituales secretos, batallas sangrientas, manuscritos cifrados, bibliotecas perdidas, un mundo subterráneo que conecta tierras, ciudades, edificaciones ciclópeas como el Faro en la bahía de Alejandría o el Coloso en la de Rodas… una búsqueda sin fin hasta el final del mundo más allá de las Puertas de Briareo.




DESCRIPCIÓN

Edición tapa dura, Junio 2022
Dimensiones: 15,6 x 23,4
DOS TOMOS 424 + 339 = 763 pag.
Precio: 19 + 18 = 35 €
Envío gratis a España y Portugal
(Consultar en Amazon ofertas y envíos a otros países)

Enlace para pedidos

jueves, 9 de junio de 2022

El Manuscrito de Apolonio (edición en pasta dura)

Días intensos trabajando en la próxima edición en pasta dura de El Manuscrito de Apolonio, primera entrega de El Segundo Río, que estará disponible en pocos días.

Una cuidada revisión del texto que aparecerá en dos tomos con portada y cubierta fotografiadas, diseñadas y meticulosamente elaboradas por Lebasi, autora de casi todas mis portadas.

El Manuscrito de Apolonio es la autobiografía de Apolonio de Rodas, autor de las Argonáuticas y durante un tiempo director de la gran biblioteca de Alejandría fundada por Tolomeo.

Comencé a trabajar en este complejo proyecto en 1980. Desde entonces, el mundo de El Segundo Río es mi mundo interior, que camina conmigo a donde quiera que voy gracias al inagotable aliento de mi compañera, que ha soportado -y seguirá soportando- mis terrible momentos de dudas, de inseguridad, de terrores implacables, de debilidad del cuerpo y del alma mientras busco lo inefable.




El Segundo Río es un viaje iniciático que se alimenta de mi pasión por el mar y la navegación, de mi obsesión por los rollos y las escrituras desconocidas, de ls profundas inquietudes artísticas, filosóficas y espirituales del mundo antiguo, no del mundo histórico, sino del que ha creado mi imaginación y mi necesidad irrevocable de contar historias, grandes y pequeñas historias que se entrecruzan como los hilos de las alfombras tejidas por los amazigh.

Hace cuarenta y dos años que recorro islas desaparecidas, ritos primigenios, ciudades luminosas, bibliotecas fabulosas... la geografía mítica de Homero y los túneles secretos en los que sopla el aliento del mal.

El Manuscrito de Apolonio es el primer estrato desenterrado en esa búsqueda que continúa a pesar de todo, excavando en las profundidades de lo oculto hasta completar mi propia reflexión sobre la escritura y la existencia, sobre el pasado y la memoria, sobre el poder la dignidad y la resistencia.


Más sobre El Segundo Rió y el resto de mis proyectos literarios



jueves, 24 de junio de 2021

Con Sabato y Fuentes en la noche de brujas

23/24 de junio

Noche de San Juan. Noche de brujas. Noche mágica que rompe el tiempo y nos obliga a mirar a los cielos.

Hace 110 años que un día como hoy/mañana nació Sabato. Nunca olvidaré aquellas palabras suyas en Abaddón el Exterminador, confesando q2ue su madre no le contestaba con exactitud sobre su nacimiento, una duda que lo atormentó siempre y que atribuía a que su madre no quiso inscribirlo en el Registro en fecha tan aciaga.

Pasan los años y no me libro del fantasma de Sabato cada noche de San Juan.

El cuaderno se acaba y me deja el sitio justo para apenas dejar constancia de esa presencia.

Del mismo modo que Terra Nostra supuso un límite para nosotros hace tantos años, un Non Plus Ultra en la confusa, contradictoria, apabullante, irrenunciable, maldita tarea de la escritura, Sobre Héroes y Tumbas había significado otra clase de límite, otro nadir, otra última estación en la escalada a las montañas que tocan el cielo, otra última bajada infernal a los dominios subterráneos que queremos y no queremos explorar.

La noche de brujas nos reúne a las puertas de El Mundo Nuevo, un giro dentro de los laberintos inabarcables de Terra Nostra y una promesa de volver, de continuar las relecturas de los grandes, de los pocos que para nosotros serán siempre los grandes.



ERNESTO SABATO Y CARLOS FUENTES EN EXTREMOS OPUESTOS DE LA IMAGEN


NOTA ACLARATORIA (O QUE LO PRETENDE):

A. y yo descubrimos el Boom allá por 1979 de la mano de nuestro profesor de literatura Miguel Teruel y Gregorio de Tejada: Gabo, Donoso, Cortázar, Fuentes, Sabato, Vargas Llosa. Recientemente, en el curso de una conversación telefónica en la que nos e4sforzábamos por pulir una lista escueta de las mejores novelas que habíamos leído en los últimos cuarenta y tantos años, le propuse a traición y acepto de inmediato releer Terra Nostra -como ya habíamos releído no ha mucho Bajo el Volcán y El Obsceno Pájaro de la Noche. La macrometanovela-desafío de Fuentes había sido durante años nuestro templo de la escritura inalcanzable, tanto que el miedo a que sus columnas se resquebrajasen hemos permanecido apartados de ella durante cuarenta y un años. Y ahí estamos...



martes, 5 de enero de 2021

Que veinte meses no es nada (salvo medio centenar de libros)


Repasando las entradas de este blog acabo de hacerme consciente de que la última vez que hablé de mis lecturas literarias fue el 3 de febrero de 2019. Concretamente este post sobre Ordesa, de Manuel Vilas.
Eso supone 20 meses sin decir ni pío sobre lo que leo.




Y no porque no haya leído, sino debido a mi habitual pereza.
A ese "mañana lo haré" o "cuando pueda me pongo y echo la vista atrás"...
Pero a veces se pierden las impresiones que esas lecturas me produjeron.

Y ahora me encuentro, aquí en el cajón de mi mesa, un folio en el que he ido apuntando los libros leídos en esos meses:

Después de Ordesa empecé a buscar toda la prosa de Vilas.

No sé io en este orden, pero todo lo que pude encontrar lo devoré entre mayo y junio: España, Los inmortales, El luminoso regalo, Lou Reed era español, Alegría, Zeta y Setecientos millones de rinocerontes... una experiencia en el límite, Vilas.

Entretanto me alimenté de Vila-Matas (de a poquito) y se me cruzaron algunos libros menores:
El viajero más lento, de Vila-Matas
Días de Combate, de Paco Ignacio Taibo II
Carta sobre los ciegos para uso de los que pueden ver, de Mario Bellatín
La muerte blanca, de Eugenia Rico

Algo más de Bellatín (entresacado sin orden de su Obra reunida:
Salón de belleza
Efecto invernadero
Canon perpétuo


Dos libros exiguos de una autora totalmente desconocida que no he vueto a encontrar:
Letra muerta y Voces, de Linda Le

Y un recorrido de largo alcance con casi todo lo de Erri de Luca:
El contrario de uno
Montedidio
Aquí no, ahora no
Historia de Irene
En el nombre de la madre
La natura expuesta
El camino del soldado
Tú, mío
El día antes de la felicidad


Después, no sé cómo ni por qué, un salto a Stanislav Lem: Congreso de Futurología
Y la tercera temporada de Twin Peaks me llevó a La Historia Secreta de Twin Peaks y a una entretenida novela bélica de Mark Frost: El segundo objetivo
Otro salto a la ciencia ficción postergada:
La isla de cemento, de Ballard
En la tierra sombría, de Philip K. Dick

La dama del viento sur, de Javier García Sánchez, de quien también logré llegar a la mitad exacta de su El mecanógrafo. Me llevé Berlín Alexanderplatz, de Alfred Döblin a Friburgo y de regreso dos clásicos de la SF sesentera: Robert Silverberg (El libro de los cráneos) y Arthr C. Clarke (Cita con Rama).

Aquí se me cruzaron textos variopintos entresacados de mi biblioteca:
Retrato en sepia, de Isabel Allende; Madame Bovary, el Flaubert más Flaubert; La casa de los espíritus de Allende, el mítico y decepcionante  París era una fiesta, de Hemingway; un aperitivo de Murakami también decepcionante, After dark; y un rezagado de la SF: A la caída de la noche, de C. Clarke.

Y acabé con un sprint final de relectura de los grandes del boom: Márquez, Cortazar y Sabato:
Ojos de perro azul, el librito de entrañables ilustraciones Cortazar y los libros, más cuentos de Cortázar
la conferencia de Sabato en Oviedo en edición especial de la Universidad, y fragmentos de Abaddon y Rayuela.

Pasado un tiempo, y ya a las puertas del Año de la Falsa Pandemia, me leí 54, de los Wu Ming, comencé y no terminé El santuario inmortal, de Augusto Martínez Torres, y me despedí de la literatura con El consejo de Egipto, de Leonardo Sciascia y El cuaderno rojo, de Paul Auster.

Mi retorno tras once meses dedicados enteramente a investigar la falsa pandemia y escribir sobre ella se ha producido con El hacedor de silencio, de Antonio di Benedetto y El frío y Un niño, de Thomas Bernhardt.

Aquí dejo esta entrada atípica que poco dice de mis lecturas y que cierra una etapa.
Desde ahora prometo escribir sobre lo que lea.
Y lo primero será otro de los grandes libros de Cartarescu.




miércoles, 24 de junio de 2020

24 de junio 2020

Imposible resistirse.

He elegido el pasaje clave de Abaddón: "Salió a caminar sin rumbo" en el que S. termina transformándose en Vidal Olmos y las dos novelas se superponen como pieles irritadas y escarnecidas que se tocaran en una oscuridad sangrante.



La iglesia circular de la Inmaculada Concepción en el corazón del barrio de Belgrano, el nudo sabatiano del Universo de los Ciegos, el centro del laberinto de la escritura nocturna, el vórtice de los fantasmas y las obsesiones, el lugar al que conducen los caminos de Martín, de Bruno, de Marcelo, de Soledad, del propio Sabato... todos ellos y muchos más, como Fernando Vidal, como R., como el doctor Schneider, convocados una y otra vez por el fuego del dolor y la recreación en el que se consume la imagen de Alejandra caminando para siempre en la tarde del Parque Lezama.

Estoy en mi cafetería de siempre.

Sobre la mesa, el vaso de café ya vacío con las marcas de espuma cada medio centímetro, delatando las veces que me lo he llevado a la boca con esos círculos marrones imprecisos, y junto al vaso, el libro comprado en la InterZona en 1982, último año de mis estudios de magisterio, el año de Miguel Teruel y el los escritores del Boom: Cortázar, Donoso y Sabato, sobre todo, los escritores que marcaron la segunda herida de mi vida de escritor después de la primera con Poe a la cabeza de una legión nocturna.



Abaddón el exterminador. Edición de Seix Barral. Primera edición definitiva en Biblioteca Breve de la tercera edición argentina corregida y revisada por el autor en marzo de 1978. La enésima revisión definitiva. Bordes amarillentos. Reparado con cinta adhesiva. Esquinas deterioradas. Páginas manoseadas. Y sobre todo, esas ocho puñaladas cuyo autor nunca logré establecer y que traspasan con furia las primeras ciento veinte páginas, justo hasta la carta al joven escritor cuya copia me envió hace una eternidad el propio S.

Noche de brujas.
Noche de escritura para siempre.

viernes, 2 de agosto de 2019

Emociones a ritmo de jazz y oleaje

Un café frente a la playa. 

Entre mis manos, esa mirada inasible recortada sobre la luz de un patio y la imagen de un faro siempre majestuoso. 

Un olor agridulce se apodera de mí; el comienzo -pausado, pero persistente- de un firme fluir de imágenes sepia a ritmo de jazz. La escritura luminosa de Antonio Ñeco me envuelve...

Camposoto, el mar, Sancti Petri... paisajes que despiertan emociones casi olvidadas con un pulso contenido.


A medida que pasan las páginas -mucho más rápido de lo que quisiera- las heridas se abren. Lo que comenzó como sensación agridulce ahora empieza a mostrarse como ternura, dolor, inminencia de tragedias.

No es facil viajar al pasado, y menos aún encontrar el tono, el ritmo, el lenguaje adecuado para compartir ese viaje hasta el final. El maestro de Casas Viejas lo consigue magistralmente.

Unas pocas palabras rotundas, sin adornos, con el filo descarnado de su propio perfil son capaces de devolvernos la consciencia de la dignidad.

Y después... la caída, el cabo de Buena Esperanza, el abismo.

Entre tantos personajes entrañables, me quedo con Jonás...

lunes, 29 de julio de 2019

La música de Redención

He preparado una lista de reproducción con la música de mi novela Redención.
Creo que puede ser una experiencia aún más emotiva leer con banda sonora incluida y, en algunos casos, conocer directamente esos temas que marcaron los maravillosos y terribles meses en los que se desarrolla el relato.

Estos son los temas que suenan en cada capítulo:

Capítulo I
Goodbye for now / Stephen Sondheim (BSO Reds / Rojos)

Capítulo II
Marcha fúnebre de Sigfrido / Richard Wagner (El Ocaso de los Dioses)
And the band played Waltzing Matilda / The Pogues
Cantigas de Santa María, 77 / Alfonso X el Sabio
Jesse James / The Pogues


Capítulo III
A smile in a whisper / Fairground Attractions (Voz: Eddie Reader)

Capítulo IV
A Fairytale in New York / The Pogues
Cheek to cheek / Fred Astaire
Big Joe and Phantom 309 / Tom Waits

Capítulo V
Volver / Carlos Gardel

Capítulo VI
This side of the looking glass / Peter Hammill (Album Over)

Capítulo VII
Don´t love me / Coleman Hawkings (Album Today and now)


Capítulo VIII
A love so beautiful / Roy Orbison (Album Mistery Girl)
Misty morning, Abert Bridge / The Pogues

Capítulo X
My one and only love / Ben Webster y Art Tatum
Gone with the wind / Ben Webster y Art Tatum


Enlace a la lista de reproducción:
https://www.youtube.com/playlist?list=PLfjbsp48_oAGlHdSTlEoy_PXGrdfQ5yLi

Enlace a la novela en Amazon:
https://www.amazon.es/dp/1079319611

Página del autor en Amazon con todos sus libros:
amazon.com/author/jesusgarciablanca

Entrevista con el autor sobre Redención y mucho más:
"La escritura es un ritual sagrado"
https://kefet.blogspot.com/2019/07/la-escritura-es-un-ritual-sagrado.html




domingo, 21 de julio de 2019

"La escritura es un ritual sagrado" Entrevista a Jesús García Blanca


Comparto esta entrevista que [nunca] me hicieron en un medio de comunicación digital [que probablemente no existe] y en la que me explayé sobre los libros, las ficciones y el martirio de la escritura.



"La escritura es un ritual sagrado"


Entrevista a Jesús García Blanca

ESCRITURAENLOSLÍMITESPUNTOCOM
Por Noé Xiste. 24 de junio, 2019


Jesús García Blanca nació en algún lugar del espacio mítico que une el Mar Interior y el Océano, o para entendernos, en las inmediaciones del Estrecho de Gibraltar que él llama “El paso de Briareo”. Tras decenios de silencio en lo que se refiere a ficciones —aunque ha publicado un puñado de ensayos críticos sobre salud, educación y ecología— ha decidido empezar a compartir sus textos, algunos escritos hace la friolera de cuarenta años. Estas circunstancias tan poco habituales en un escritor nos movió a Escrituraenloslímitespuntocom a contactar con él y proponerle una entrevista que realizamos vía correo electrónico, por lo que no estamos seguros de haberlo entrevistado, pero así son las cosas en los límites…

NX: Dos novelas casi al mismo tiempo ya es poco frecuente. Pero esperar casi cuatro décadas para publicar lo es menos aún…


JGB: Hice algunos intentos… hará quizá treinta años, y posteriormente hace diez años lo volví a intentar con más —digamos— empeño. Tengo una pequeña colección de negativas editoriales, algunas muy pintorescas… Pero hubo un momento en que me impliqué en temas sociales y me concentre en escribir y publicar sobre ellos… o mejor diría contra ellos: medicalización de la salud, vacunas, cientificismo, manipulación genética… pero por debajo continué escribiendo… a rachas… y ahora, ahora siento que ha llegado el momento de compartir mis ficciones con lectores, con lectores desconocidos… ya que hasta ahora solo he importunado a amigos y familiares.

NX: ¿Y por qué has elegido Amazon? Tengo que preguntártelo…

JGB: Verás… los manuscritos se estremecían en los cajones y los mecanoscritos se angustiaban encerrados en el disco duro… los escuchaba crujir por las noches… Yo creo que todo artista crea para compartir, para comunicarse con seres desconocidos que sobreviven en islas perdidas… Así que todo vale.


NX: Háblanos un poco de tus escritores, de los que te han impactado o han influido en tu escritura o los que más has disfrutado o disfrutas leyendo.

JGB: Como tantos otros, yo empecé con los tebeos, en mi caso El Guerrero del Antifaz y después pasé a Verne, Conan Doyle, Poe y Lovecraft junto con toda la ciencia ficción que llegaba entonces vía Bruguera: Asimov, Silverberg, Clarke, Dick… Esas lecturas marcaron mis primeros textos. Luego, gracias a un inolvidable profe de la Escuela de Magisterio, Miguel Teruel, conocí a los sudamericanos del Boom y otros: Cortazar, García Márquez, Donoso, pero sobre todo y por encima de todo, Sabato. Si hay un escritor al que deba no ya mi forma de escribir sino el hecho de escribir es Sabato. No por sus temas ni su estilo ni nada de eso. Sino por su actitud ante la escritura que definió para siempre mi propia relación con ella, especialmente en el caso de El Segundo Río en el que la escritura es en sí misma uno de los protagonistas: los rollos, las bibliotecas, las escrituras cifradas. En definitiva, por culpa de Sabato, la escritura es para mí un ritual sagrado.

NX: Y ahora, ¿qué lees?

JGB: Bueno, esta entrevista la hacemos un 24 de junio, que es la fecha mágica o maldita de nacimiento de Sabato. Y son ya muchas las veces que la fecha me mueve a releerlo. Así que estoy por enésima vez inmerso en Sobre Héroes y Tumbas. Y en la mesa me esperan los libros de Erri de Luca y en lontananza acabo de toparme con un escritor mexicano que no conocía en absoluto: Mario Bellatín. Aunque mis referencias habituales, son Kafka, Modiano, Kenzaburo Oe, Vila-Matas, Bolaño o Cartarescu entre muchos que olvido… si alguien está interesado puede mirar mi blog Kefet: Las Escrituras de la Noche en el que llevo un modesto diario de lecturas y micro reseñas.




NX: Y por qué esa obsesión tuya con la K, con las palabras con K o con la misma letra K… ¿algo relacionado con Kafka?

JGB: La K es obviamente Kafka. Pero es más cosas, algunas muy personales. Para empezar es Peter Hammill, quien allá por el 82 sacó un disco que se titulaba Enter K y entonces no sé muy bien por qué la K comenzó a significar ese otro yo oculto, el otro músico dentro de PH y el otro escritor dentro de mí, y ese escritor no podía ser más que Kafka, que rompía las reglas de lo real, que representaba el escritor sagrado que quizá Sabato quiso ser, ese escritor capaz de estar sentado una noche entera y escribir al dictado de lo desconocido. Sabato es el hierofante y K es el único que viajó al otro lado y volvió, eso sí, por poco tiempo. Y PH/K es mi Caronte para el territorio mágico de la música… él pulsa esos acordes que me trastornan, esa teclas del piano que retuercen mis entrañas… una cosa es escuchar música y otra muy distinta escuchar a todas esas presencias dentro de PH: K, Nadir, el angel, el asesino, el refugiado…

NX: Las dos novelas recién aparecidas en Amazon son como he dicho muy diferentes al menos exteriormente: hablamos de una novela corta de apenas un centenar de páginas y de un complejo novelón de más de setecientas páginas, una novela-río ¡y nunca mejor dicho!

JGB: En este caso yo diría más bien una novela-mar, el Mar Interior… en todos los sentidos.

NX: Hay otro contraste llamativo entre ambas novelas: tardaste decenios en escribir El Manuscrito de Apolonio mientras que Redención dices haberla acabado en apenas dos meses. Está claro que no tienes un método fijo de trabajo…

JGB: No, no hay método. Hay escritura. Hay ese ritual sagrado que te he mencionado, una ritual que desconozco previamente y al que me abandono…

NX: Sabrás que ya hay quien especula por ahí sobre esto, así que acláranoslo de una vez: ¿Es Redención una historia real?

JGB: Desde que comencé a escribir he buscado los límites entre imaginación y memoria… y debo confesar que no los he encontrado…

NX: Entonces cómo debemos leer esa historia…

JGB: No tengo nada que decir sobre cómo leerla. Cada lector verá, buscará, encontrará o no su relación con ese… desgarro. Para mí es una historia real… tan real como las de Apolonio, Kissos o Anaxándrides…




NX: El Segundo Río ¿es una trilogía, una novela por entregas, una novela demasiado extensa para editar reunida o simplemente un texto que aún no has acabado?

JGB: El Segundo Río es mi exploración del mundo antiguo, no del “verdadero” mundo antiguo, quiero decir, ese que asoma en los libros de historia, sino del que tengo dentro de mí, dentro de mi memoria y dentro de mi imaginación: imágenes distorsionadas, hechos que me emocionaron cuando era un niño, ciudades que imaginaba y con las que soñaba, trirremes atravesando el Mar Interior, bibliotecas perdidas llenas de manuscritos misteriosos que contenían secretos inconfesables o trascendentes para la humanidad, hazañas épicas que poco a poco fueron tiñéndose de sangre, criaturas míticas, subterráneos que comunican islas, túneles infernales, monstruos indescriptibles…

NX: Cuarenta años ¿no es una pasada... ?¿De verdad has dedicado cuarenta años a una novela?

JGB: Depende de lo que signifique “dedicar”. ¡Desde luego que no he estado escribiendo cuarenta años! Hace unas semanas, cuando decidí volver a esta novela tras varios años de abandono recopilé los manuscritos y mecanoscritos que tenía en casa, en un viejo baúl junto a la documentación. He ordenado y archivado un total de 18 carpetas que contienen un número desconocido de folios… cientos, muchos cientos en diferente estado de envejecimiento… y afortunadamente fechados, por lo que he podido establecer períodos de escritura física de escritura efectiva si podemos llamarla así.
Empece en 1980 en La Línea, esbocé los primeros esquemas de la primera entrega en Jerez, en 1986. A partir de ahí, cada retorno tras un amargo abandono se lo debo a ella, a mi compañera actual a la que conocí en 1987 y que hizo suyo el proyecto, el personaje, y al autor. Así volví al manuscrito casi un año entre el 88 y e 89 en Calafell, dos años entre 1991 y 1993 en Granada, un curso en Guadix entre el 93 y el 94, meses de 1995 y 1997 de nuevo en La Línea, y a partir de ahí en Ex: años entre 2002 y 2005, un salto a 2007 y momentos sueltos entre 2007 y 2013; después revisiones hasta hace un mes.

NX: A mí me salen doce años que ya es una cifra apabullante y más aún si entre medias no has dejado de darle vueltas, y además has escrito otras novelas, entre ellas, esta breve historia que publicas también en Amazon, pero hay más textos, ¿no es así? Cuéntanos...

JGB: Hubo un momento… no sabría situarlo con exactitud… pero sería allá por los ochenta, en el que comenzaron a surgir textos que no pertenecían a Heptaplus, que es como yo llamaba entonces a El Segundo Río. Eran una mezcla de relatos, recuerdos, reflexiones, todas en forma de cartas, de hecho los fui titulando Epistografía y publiqué algunos en Ediciones Elm Street, una loca aventura que se menciona en Redención. Era una tentación de comodidad dejar por un tiempo el complejo mundo de Apolonio y dejarme llevar por esas cartas que fluían sin esfuerzo.

NX: Y esos textos ¿se han convertido en novelas, en libros de relatos…?

JGB: No. La mayor parte están por ahí en carpetas, abandonados. Algún fragmento acabó formando parte del Manuscrito de Apolonio, y otros fueron el arranque de mis viajes de retorno a la infancia: Cámara oscura, que ahonda en esas cosas que nos parecen tan misteriosas cuando somos niños y que se mezclaron a fuerza de mirar fotos antiguas con un misterio de adulto: ¿cómo se fijan las imágenes en el papel? ¿Cómo se atrapa el tiempo? Así que hice un esfuerzo de depuración de recuerdos, de pregunta sin respuesta y lo mezcle con recuerdos que nunca tuve: los orígenes de la fotografía y los empeños meticulosos de Joseph Nicéphore Niepce para detener el tiempo.



NX: ¿Hay mucho más en esas carpetas?

JGB: No sabría decirte lo que ahora me parecería aprovechable y lo que simplemente volvería a guardar porque me cuesta mucho tirar… sé que tengo mucho papel acumulado que nunca verá la luz, desde hace unos años me pasé a las libretas y tengo una nutrida colección de todos los tamaños y estilos, unas pocas vacías y algunas rellenas sin orden ni concierto que se dice… y hay por ahí una etapa de microrrelatos. Creo que fue cuando se me ocurrió abrir el blog Las Escrituras de la Noche… llevaba mucho tiempo sin escribir… sin escribir para El Segundo Río, digo… y pensé que podía retomar la escritura dando esos pasos breves que no exigen planificación, ni siquiera pensar, solo poner las manos en el teclado. Después decidí que el blog sería un diario de lecturas pero soy muy poco disciplinado y a veces lo abandono durante semanas y luego tengo que hacer memoria de los libros que había leído… Los microrrelatos son cómodos, no te llegas a encariñar con ellos y te importa menos lo que les pase… El Segundo Río es lo contrario, es un peso descomunal, una responsabilidad abrumadora, ni siquiera cuando no escribo, durante esos meses o años, he podido dejar de pensar en ese mundo, de recordar las historias que he ido contando o las que estoy por contar…

NX: Nos ha llamado especialmente la atención un título que aparece en tu biografía: El Misterio de la Caja Negra, que parece un título que intencionadamente remite a literatura de género…

JGB: El Misterio de la Caja Negra es un caso aparte. Mi compañera y yo leímos juntos todas las historias de Sherlock Holmes cuando compartíamos un apartamento en Calafell, en 1989. Así que cuando se acabaron decidí escribir una para ella y regalársela por capítulos en nuestro aniversario de “encuentro” que también es su cumpleaños. Se me ocurrió escribir no un caso de Holmes que me imponía mucho respeto y me parecía demasiado evidente, sino lo que yo proponía como la última aventura del Dr. Watson antes de su retirada a Escocia viejo y enfermo.

NX: Entonces no aparece Holmes?

JGB: Aparece fugazmente, no lo desvelaré, pero está presente todo el tiempo encarnado en Louis Coq, un personaje basado en un amigo que hice por esa época a raíz de mi interés por Egipto, un rebelde de la Egiptología, un desmontador de mitos que me impresionó por su lucidez y que trasladé a mi historia convertido en detective-arqueólogo que seguro dará mucho de sí…

NX: Anuncias una serie o algo parecido?

JGB: No me atrevo, pero estaba trabajando en un segundo caso de Coq cuando ella -una vez más- volvió a ser decisiva para retornar a El Segundo Río y abandonar todo lo que tenía entre manos…

NX: Bueno, a razón de cuarenta años por entrega, vas a necesitar al menos ochenta para acabar, ¿no?

JGB: No, procuraré acabar en cuarenta y dejarme los otros cuarenta para disfrutar de las ventas, la fama y todo eso… En serio, esta vez no habrá excusas. Y ten en cuenta que el proceso de documentación está hecho salvo pequeños detalles, así que la cosa es escribir, escribir y escribir mientras pueda.


Entrevista publicada originalmente en LITERATURAENLOSLÍMITESPUNTOCOM:
http://literaturaenloslimines.com/entrevistas.98663kk.html

Las novelas en Amazon:



martes, 16 de julio de 2019

Redención


Os invito a entrar en Redención, a compartir las primeras palabras que escribí tras muchas vacilaciones, excusas, dudas y promesas de que empezaría "uno de estos días..." Al fin conseguí empezar, o quizá sería más exacto decir que no tuve más remedio que empezar, tanto es así que aquellas páginas surgieron como una exhalación en pocas semanas. Y ahí están.





Ex, 2 de enero, 2016

Más de 30 años después...

Necesitaba un acto en el límite...
Y he necesitado superar pruebas de horas para poner la punta del cálamo sobre estas hojas.
Incluso cuando la decisión ya estaba tomada, mi mano se resistía y he tenido que obligarla.
Ha sido una lucha desigual y difícil.
Ha sido como un lanzarse al vacío, un vacío de 120 páginas.
Son las que me concedo para contar esta historia, la más difícil... no por compleja, no porque exija esfuerzos de memoria inalcanzables.
No.
La historia más difícil es la que llevas clavada en el alma, atravesando todo tu ser.



I

La primera vez que la vi sus ojos brillaban de tal modo que ya sentí —sin admitirlo, sin que siquiera me estuviese mirando— que mi vida había cambiado.
En ese momento no podía sospechar los años que tendrían que pasar hasta que ese cambio se produjera, se materializara, se instalara en nuestras vidas; no tenía ni idea del dolor que me esperaba, pero aún sin tenerla, ya sentía que ese dolor merecería la pena: ¿quién no estaría dispuesto a sangrar a cambio de ese brillo iluminando cada hora de su vida?
Sin saberlo —hasta mucho después— yo acepté ese trueque el primer día.

Después hay un tiempo de oscuridad.
No sabría decir qué ocurrió en ese tiempo. Y tampoco importa demasiado: años de eso que consideramos vida cuando aún no hemos vivido de verdad: trabajo, estudio, alquiler, pequeños acontecimientos perfectamente prescindibles, y lo peor de todo: autoengaño —que salpica a todo lo que te rodea.
Te mentiste despiadadamente y dejaste que todos creyeran tus mentiras, que interpretaran como una vida mediocre lo que no era sino una mezcla terrible de autocompasión, necesidad de supervivencia, cobardía... el refugio de los débiles que ignoran mucho más de lo que temen.

Hasta que un día, el calor de ese brillo en unos ojos vivos te remueve las entrañas, y la ilusión te corroe, te posee, te arrastra.
Sigues viviendo tu vida como si no te dieras por enterado: utilizas esa máscara tuya tan socorrida que siempre te da resultado porque la gente se ve impelida a hacer como que se la cree. La máscara de la inocencia, del descuido, de la fragilidad... que solo puede usar con eficacia alguien lo suficientemente infeliz como para exponerse al mundo con esa segunda piel más fina que la propia —¡el disfraz perfecto!

Aparentar una falsa debilidad para esconder otra debilidad mayor, más dolorosa, más cerca del abismo: ¿quién podría sospechar que bajo esa capa de modales descuidados, de pequeñas torpezas cotidianas, de inseguridad, de palabras vacías... lo que se esconde es otro vacío, la monstruosidad de una vida que no quiere ser vivida?
Y así, lo único que puede cortar en pedazos esa máscara invisible, resulta ser la ilusión, la ilusión de otra vida posible.

Pero no es tan sencillo. La ilusión alimenta el dolor, aviva rescoldos, esparce las cenizas del amanecer y vuelve a arrancar pequeñas llamas azules.
La imaginabas en habitaciones desconocidas realizan-do pequeñas tareas cotidianas, oyendo discos con ralladuras extraídos de fundas de cartón desgastado, bajo las gotas ardientes de una ducha borrosa o, peor aún, abrazada a él bajo las sábanas de una madrugada inacabable.
¿Cómo reunir fuerzas para ese salto imponente al vacío de la otra vida que llenabas cada día con imaginación alentada por la fiebre?
¿Cuánto se prolongó ese tiempo sin tiempo, esa cadena de instantes paralizados que formaban rúbricas como escuadrones de aves siniestras lanzándose sobre presas desprevenidas?
¿Cuántas noches sin sueños, cuántas finas esquirlas de tiempo arrancadas a la eternidad?

[…]

Me tiembla la mano ante la idea de apoyarla sobre aquellos días luminosos... miro fijamente esos puntos suspensivos que acabo de escribir, reuniendo fuerzas para cruzar el umbral... más dudas... más puntos suspensivos... un punto cierra un ciclo de pensamiento y sin embargo más puntos no lo refuerzan sino que lo abren a la duda...

Una vez cruzado ese umbral, una vez dado ese paso tan simple y abrumador que te paraliza —como los invitados de El Ángel Exterminador de Buñuel— estaremos —todos; los lectores, tú y yo— en el otro lado, el lado luminoso —en el que ya no dejarás de mirar nunca los ojos de ella— aunque no por ello exento de dolor y de sombras agazapadas.

De hecho, en ese lado —y precisamente por la presencia constante de la luz— las sombras son más evidentes y el dolor más agudo, como tristemente se verá...

Si consigues dar el paso.
Por ahora... imposible.



https://www.amazon.es/dp/1079319611
amazon.com/author/jesusgarciablanca

lunes, 1 de julio de 2019

El Segundo Río

"Las aguas del espíritu corren siempre bajo el suelo".
Kata-kruptos
Neikóphilos de Abdera

Los primeros borradores de esa novela que entonces no tenía título y que escribí tecleando en una vieja Olivetti con tinta azul datan de 1980. Los últimos trabajos de revisión para esta primera edición los he hecho durante la última semana de junio de este año, 2019.

Casi cuarenta años.

Cuarenta años de dudas, de inseguridad, de preguntas, de búsqueda, de dolor, de horizontes llenos de luz durante un breve instante, de bibliotecas, hemerotecas, museos, archivos primero en una multitud de ciudades y luego en la red, de interminables horas ante la Olivetti, después la Underwood, los folios y finalmente el teclado del ordenador, de incontables cafés, de angustia, de felicidad, de sombras, de fantasmas, de voces que susurran o gritan, de sonrisas, de llantos, de sueños perdidos y pesadillas recurrentes.


Y aquí está la primera entrega, la primera mirada a ese mundo extraño, inquietante y maravilloso en el que estoy atrapado ya para siempre. El manuscrito de Apolonio, la autobiografía de Apolonio de Rodas, autor de las Argonáuticas y director de la Biblioteca de Alejandría. He decidido hacerla pública mientras trabajo en las otras dos miradas: El manuscrito de Kissos y El manuscrito perdido.

Una compleja reflexión sobre la escritura y la existencia, sobre el pasado y la memoria, sobre el poder, la dignidad y la resistencia.


Página del libro en Amazon: https://www.amazon.es/dp/1076697488
Correo de contacto: El.segundo.rio.kemet@gmail.com


domingo, 23 de junio de 2019

Sabato, siempre

Sabato nació hace 108 años y aunque su madre nunca supo o quiso precisarle y eso lo atormentaba, fue en la noche mágica de San Juan, una noche de brujas que lo obsesionó siempre.

No sé cuales fueron las lecturas que con pocos años alimentaron mis ansias de escribir, cómo algo dentro de mí dio un paso invisible: de servirse de la lectura para experimentar emociones --esas que no estaban en la vida real-- a utilizarla como material de construcción, de reconstrucción, de recuperación de los sueños, de abandono a las ficciones.

Pero sí sé cuál fue el momento preciso en el que todo eso se transformó en otra cosa: la mera tarea de escribir adquirió otra dimensión, hacia abajo --hacia raíces invisibles-- y hacia arriba -en un viaje trascendente.

Fue mientras leía a Sabato por primera vez.


Eso fue con la edición de Cátedra de El túnel, en 1980.

Pero ese libro no está ahora en mi biblioteca. Sufrió el extraño destino del resto de las novelas de Sabato que leí en esos años --no sé decir si oscuros o luminosos. Dos de ellas desaparecidas --en el caso de El túnel desconozco o he olvidado cómo, Sobre héroes y tumbas prestada y jamás devuelta-- y la tercera, Abaddon el exterminador, acuchillada.

Hace poco recuperé una edición de Cátedra en una librería de viejo de Granada, aquella con la mujer en la ventanita. Y tengo un par de ediciones más --la de Seix Barral en Biblioteca de Bolsillo, una cuarta edición de 1985, y la de Edhasa/Sudamericana, una segunda edición de 1975.

Por supuesto la recuperación de todas las novelas de Sabato, en edición corregida y "definitiva", ilustrada y en pasta dura con sobrecubierta, se la debo a una ocurrencia que Charo tuvo en mi cumpleaños de 1992 (o 1993?), cuando me regaló los tres tomos del Círculo de Lectores editados entre 1990 y 1991 --que prometían un cuarto libro con textos varios, borradores, versiones abandonadas... que nunca se editó.

Hasta ese cuarto libro desconocido sufrió el mismo destino: desaparecer sin llegar a existir.

Así que 23 de junio de 2019. Comienzo la relectura de sus tres novelas por enésima vez.

domingo, 3 de marzo de 2019

Wilhelm Reich, un himno a la libertad

La revista italiana Scienza e Conoscenza incluye en su número 67, de enero de este año, un especial dedicado a Wilhelm Reich en el que, junto con artículos de Roberto Maglione y Antonio Morandi, publican una breve aportación mía aludiendo a mi libro recién publicado por la editorial italiana Macro titulado Wilhelm Reich, il genio dell'energiaorgonica e della liberazione sessuale (traducción italiana del texto publicado en España por Cauac con el título Wilhelm Reich, inspirador de rebeldía. Reproduzco aquí con el permiso de los editores, la versión en castellano del artículo.



Reich llegó a mis manos por primera vez allá por 1977. Se trataba del libro La función del orgasmo. El descubrimiento del orgón, publicado en España por la Editorial Paidos en su Biblioteca de Psicología Profunda. Aquel libro -que aún reposa protegido por un forro de plástico en mi biblioteca- me fascinó. Entendí muy poco, pero aquella mezcla de reportaje científico, diario vital y crítica filosófica me dejó atrapado y me impulsó a seguir leyendo lo que pude encontrar de su autor.
La lectura de su obra me impulsó a recorrer una multitud de caminos en los campos de la educación, la ecología y la salud, que con los años determinaron mi actividad como escritor de investigación. Reich me condujo a Neill y su carismática visión de la educación que me impulsó en su día a estudiar magisterio y que inspiró la forma en que me he relacionado con mis hijos. Y no solo eso, le debo a Reich mi aproximación crítica a la realidad, mi rebeldía y el cuestionamiento sin concesiones de la autoridad.

Y aquí estoy, cuarenta años después, procurando compartir lo que he aprendido y conseguir que este personaje excepcional logre hechizar a la mayor cantidad de gente posible. Con ese ánimo me decidí a escribir un libro que reuniera dos características básicas: que respetara al máximo las ideas y los descubrimientos de Reich con el rigor que él siempre se exigió en sus investigaciones, y que fuera accesible para personas sin formación especializada en las materias que Reich abordó.

UN LIBRO RIGUROSO Y DIDÁCTICO

Con esos objetivos me planteé un libro con tres partes bien diferenciadas en cuanto a tono, contenido y tratamiento. Una primera parte para contar la historia de Reich, en un tono novelístico que trasmite todo el dramatismo de su peripecia vital a partir de las biografías ya publicadas y de los diarios y la autobiografía del propio Reich.

En la segunda parte hago un recorrido por lo que denomino doce descubrimientos que hubieran podido cambiar el mundo... y que de hecho pueden cambiarlo si conseguimos que se abran paso entre la maraña de relaciones de poder que obstaculizan el acceso a conocimientos vitales. Cada uno de estos descubrimientos va enlazado con un itinerario de lectura que permite acceder a la obra clave de Reich y a otros libros suyos o de otros autores que profundizan en ese tema concreto.

Por último, en la tercera parte explico cual ha sido el destino del archivo de Wilhelm Reich con todo su legado intelectual, científico y humano, así como la influencia que ha tenido su obra a nivel internacional en las disciplinas en las que hizo aportaciones relevantes e incluso trascendentales: psicoterapia, psicología social, educación, medicina, microbiología, biología, ecología y muchas más.



ORGÓN: LA ENERGÍA PRIMORDIAL

Desde que comenzó sus estudios de medicina, Reich se sintió atraído por la sexualidad y el psicoanálisis y desde el principio se esforzó en plantear los trastornos y el sufrimiento de sus pacientes en términos de energía, traduciendo a una fórmula de economía energética la salud y la enfermedad, la capacidad de sentir placer o la incapacidad que se traduce en angustia debido a las defensas que la persona levantó para protegerse primero del exterior y después de sí mismo y a las que Reich denominó "coraza".

Pero Reich consideraba que los problemas no provenían de la estructura humana sino del entorno social; en otras palabras, lo que había que "curar" no era a las personas sino a una sociedad autoritaria y represora que los enfermaba. De ahí que se convirtiera en un pionero de la psicología social y planteara muy pronto cambios radicales en la forma de concebir, parir y criar a las criaturas basándose en el respeto de la autorregulación de sus impulsos y necesidades.

Huyendo de la `persecución del nazismo recorrió varios países europeos y se estableció un tiempo en Noruega donde llevó a cabo experimentos con bioelectricidad y cruzó la frontera de la biología descubriendo los fundamentos de la formación de materia viva, lo que le condujo a su descubrimiento más importante y clave de su obra posterior: la energía vital cósmica que denominó orgón.
La energía orgónica era la energía de las antiguas tradiciones, la líbido que Freud concebía de un modo casi metafórico y la fuerza de la que venían hablando las corrientes vitalistas desde hacía siglos. Reich consiguió hacerla visible y describir sus propiedades: libre de masa, presente en todas partes, en constante movimiento, puede manipularse y controlarse mediante dispositivos especiales, constituye el medio en el que se producen los fenómenos electromagnéticos y gravitacionales, forma unidades de funcionamiento tanto vivas como no vivas y es anterior a la materia que se crea a partir de ella.

Este descubrimiento lo llevó a reformular toda su teoría psicoanalítica y psicosocial y avanzar abriendo puertas insospechadas para mostrarnos las relaciones ocultas entre fenómenos aparentemente inexplicables y dispersos: las neurosis, el masoquismo, la escisión esquizofrénica, la maldad humana, la violencia, la indolencia de las masas, su abandono en manos de líderes autoritarios, la represión de la sexualidad, el maltrato a las criaturas, la educación coercitiva, el origen de la vida, los interrogantes del cáncer, los fenómenos atmosféricos, el comportamiento de los tornados o la formación de las galaxias.

CAMBIAR LA SOCIEDAD

Desgraciadamente, su honestidad provocó su trágico final: por una parte su coherencia científica y moral que lo impulsó a no detenerse jamás; por otro, fue víctima de la lógica destructiva que había cartografiado y que denominó plaga emocional, una biopatía crónica que se implanta en el ser humano desde que nace y que se manifiesta tanto a nivel individual como social pudiendo adquirir las proporciones de una pandemia, como es el caso de la Inquisición en los siglos XV al XVII o el fascismo de los años treinta del siglo XX.

Y es que todos los descubrimientos de Reich ponen en cuestión o atacan directamente las bases del sistema, y, más allá, aportan herramientas para enfrentarnos a él, argumentos para la desobediencia, conocimientos para la rebeldía.

De hecho, Reich predijo con impasible serenidad lo que iba a sucederle debido a las reacciones de la plaga contra lo viviente y contra quienes -como el propio Reich- pusieran en evidencia esas reacciones y sacaran a la luz los fundamentos de las funciones naturales del vivir. Los continuos y violentos ataques de la plaga hasta acabar con su vida demostraron efectivamente el descubrimiento social más dramático de Reich: como individuos acorazados, aislados de la naturaleza, aterrorizados de sus propios deseos, atrapados por la ira ante su impotencia, desatan el infierno de la envidia, de la difamación, de la represión contra la espontaneidad, la honestidad, la salud, la racionalidad y la verdad conectada con la naturaleza.

Son los mismos que en todas las épocas separan a los bebés recién nacidos de sus madres, los mismos que castran sus impulsos sexuales y amorosos, los mismos que destruyen su creatividad, los mismos que reaccionan con indiferencia al llanto de un bebé... son los que difaman, persiguen, queman en las hogueras reales o simbólicas a los investigadores honestos y sirven como brazos ejecutores contra la verdad al servicio de los poderes que llevan demasiado tiempo controlando el mundo.



CRIANDO A LOS NIÑOS DEL FUTURO

Frente a esos brazos ejecutores que atentan contra la vida, debemos recuperar nuestra parte animal, la que nos conecta con los ritmos naturales, con los flujos de energía, la espontaneidad y, en definitiva, con lo vivo. Reich estableció con precisión el papel de la familia patriarcal autoritaria que niega o reprime la sexualidad infantil y adolescente perturbando los flujos energético y provocando disfunciones físicas, mentales o emocionales; una labor complementada cada vez a más temprana edad por sistemas educativos basados en la disciplina, el castigo y la autoridad, la medicalización del embarazo y el parto -arrebatados a la intimidad y la sexualidad de las mujeres- y una crianza presidida por la separación de la diada madre-bebé, la imposición de protocolos médicos y el empeño en que los bebés se acostumbren, se plieguen, se amolden, se sometan de modo que los adultos acorazados satisfagan sus frustraciones y su miedo a lo vital y espontáneo y que ha dado como resultado una sociedad enferma e incapacitada para abandonarse a las emociones, a la libertad y a una sexualidad sana.

Para ello, Reich nos señaló una responsabilidad inexorable: criar a nuestros hijos en esa "tierra de nadie" entre el presente acorazado y el futuro regido por las leyes de la naturaleza; una responsabilidad que recae sobre quienes vivimos en la confusión, rodeados por la plaga, cuestionados por ese orden social que él combatió hasta su muerte.

La tarea es por tanto proteger a nuestras criaturas de la plaga emocional, construir un refugio con las herramientas que Reich nos dejó: contactar con nuestro lado salvaje para que los cachorros humanos se mantengan a salvo en su ecosistema primario: el cuerpo de la madre conectados primero a través del cordón umbilical y luego en el exterior por ese otro cordón que es la leche materna, el contacto piel con piel, la conexión orgonótica, la mirada, las caricias, el pezón vivo.
Posibilitar la autorregulación no consiste en seguir un conjunto de normas, una técnica artificiosa ni un proceso intelectual, sino justo lo contrario: implica buscar las grietas en nuestra propia coraza para comunicarnos con nuestras crías y entender que deben seguir su propio camino. Supone un doble sufrimiento: el de abrir nuestras heridas, que tanto nos costó cicatrizar, y el de aprender a soportar la libertad y la capacidad de decidir su destino de esos hijos que quisiéramos poseer para siempre pero que "son hijos e hijas de la vida, deseosa de sí misma" -unas palabras que podría haber escrito Reich, pero que escribió en 1923 el poeta libanés Jalil Yibran.

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*Jesús García Blanca (La Línea, 1960) es educador, escritor y periodista de investigación, colabora con diversas revistas de salud y publicaciones de contrainformación. Es autor de El rapto de Higea (Virus, 2010), Il potere occulto dellíndustria della sanitá (Macroedizioni, 2013), La Sanidad contra la Salud (iEdiciones, 2015),  Vacunas: una reflexión crítica (iEdiciones, 2016 y Llibres de l'Index, 2016) junto al Dr. Enric Costa, y Wilhelm Reich, inspirador de rebeldía (Cauac, 2017). Contacto: keffet@gmail.com. Blog de referencia: http://saludypoder.blogspot.com




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