domingo, 30 de junio de 2013
Rayuela
dejándose llevar por los signos de la noche...
Rayuela cumple 50 años y mi primera inmersión en sus páginas 34 -en la edición de Edhasa/Sudamericana de 1979. El maestro del relato, el creador de absolutas maravillas que me hicieron estremecer con esos 19 añitos tan vulnerables: Autopista del sur, Carta a una señorita en París, Casa tomada, El perseguidor... esa voz que te hipnotizaba desde lugares imposibles, tenía que escribir esto, esta cosa indefinible, inabarcable, que te sacudía a cada instante, que te atrapaba, te envolvía, te subyugaba y te hidromurizaba tambaleando entre los forbides escremeleantes sin aviso ni honduria...
La pregunta -tremenda y desasosegante- es: ¿volver a leer Rayuela?
¿Encontraría a la Maga? Tantas veces me había bastado asomarme, viniendo por la rue de Seine, al arco que da al Quai de Conti, y apenas la luz de ceniza y olivo que flota sobre el río me dejaba distinguir las formas, ya su silueta delgada se inscribía en el Pont des Arts, a veces andando de un lado a otro, a veces detenida en el pretil de hierro, inclinada sobre el agua. Y era tan natural cruzar la calle, subir los peldaños del puente, entrar en su delgada cintura y acercarme a la Maga que sonreía sin sorpresa, convencida como yo de que un encuentro casual era lo menos casual en nuestras vidas, y que la gente que se da citas precisas es la misma que necesita papel rayado para escribirse o que aprieta desde abajo el tubo de dentífrico.
Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo...
... Temblaba el troc, se vencían las marioplumas, y todo se resolviraba en un profundo pínice, en niolamas de argutendidas gasas, en carnias casi crueles que los ordopenaban hasta el límite de las gunfias.
Bebé Rocamadour, bebé bebé. Rocamadour...
... madame Iréne no está contenta de que seas tan lindo, tan alegre, tan llorón y gritón y meón. Ella dice que todo está muy bien y que eres un niño encantador, pero mientras habla esconde las manos en los bolsillos del delantal como hacen algunos animales malignos, Rocamadour, y eso me da miedo... Hay una cosa que se llama tiempo, Rocamadour, es como un bicho que anda y anda. No te puedo explicar porque eres tan chico... pero ellos que todo lo entienden tan bien no te pueden entender a ti y a mí, no entienden que yo no puedo tenerte conmigo, darte de comer y cambiarte los pañales, hacerte dormir o jugar, no entienden y en realidad no les importa, y a mí que tanto me importa solamente sé que tengo que estar sola con Horacio, vivir con Horacio, quién sabe hasta cuándo ayudándolo a buscar lo que él busca y que también tú buscarás, Rocamadour, porque serás un hombre y también buscarás como un gran tonto...
jueves, 21 de marzo de 2013
sábado, 9 de marzo de 2013
En el termitero de Mircea Cartarescu
"Eso ya no era música, o era la música de la que hablaban los pitagóricos. Ningún oído humano podía oírla porque no se basaba ya en sonidos, ni siquiera en materia, sino que penetraba en las pulsaciones cósmicas, trenzándose con ellas y obligándolas a transformarse".A esa altura de Nostalgia, cuando únicamente nos separa una página del instante final al que ansiábamos llegar pero no llegar nunca, hace mucho que hemos comprendido que eso ya no era literatura, sino pulsaciones cósmicas que creaban un canal misterioso con la parte oscura del lector obligándolo a transformarse.
Bajamos al semisótano de la librería Rafael Alberti y allí estaba Mircea, sentado en una silla de tijera junto a Marian Ochoa, su traductora, a quien tanto debemos. Nos íbamos apretando en la penumbra mientras él miraba en silencio a algún lugar recóndito.
Llegaron después Ignacio Vidal-Folch y Enrique Redel, el editor de Impedimenta, con una desbordante sonrisa de satisfacción que parecía decirnos a todos: "sí, he sido yo; yo he tenido el inenarrable privilegio de ofreceros sus libros, y pienso seguir haciéndolo mucho tiempo".
Redel explicó que la presencia allí de Cartarescu era fruto del azar. Quiero creer que pronunció esa palabra entrecomillada, refiriéndose más bien a eso que Leibniz llamaba Armonía Preestablecida aludiendo a una cadena de sucesos unidos por la magia de lo inefable y en la que ahora encajaba esa otra cadena inasible que me había llevado hasta Madrid, a 500 kilómetros de mi casa para una visita inusual a mi amigo Ñ.
Tras las presentaciones y una aproximación sumaria de Vidal-Folch en la que a punto estuvo de arrebatar a muchos presentes el vértigo de El ruletista, él mismo lanzó una primera pregunta. Pero Mircea no respondía a las preguntas directamente sino mediante un quiebro en el que combinaba con astucia el agradecimiento, la anécdota y la confesión de sus profundas turbaciones. Parecía decir sin decirlo: "Estoy aquí por obra y gracia de la literatura, la literatura leída que alimentó esas interminables horas de mi adolescencia, y por la literatura escrita, con la que ahora os alimento a vosotros".
Así que allí estábamos los cuatro: mi amigo Antonio y yo, y mi compañera M buscando atrapar con su cámara las recónditas expresiones y los gestos de profunda meditación de Mircea, quien ahora nos contaba la metáfora genial del termitero para explicar su aproximación a la escritura. Las termitas no planifican el termitero, simplemente lo hacen porque el plan del termitero es la propia termita. Y eso es Mircea; eso es REM en particular: una salvación y una condena al mismo tiempo: La condena de Kafka que nos salva de morir petrificados tras una noche de fantasmas.
Mircea escribe como las termitas, como Kafka, aceptando el dolor de permitir que tu mundo interior salga desgarrándote. Así las vueltas de tuerca que marcan su obra: en El ruletista señaladas gráficamente por las balas, pero presentes igualmente en todos los textos de Nostalgía y quizá llevadas al extremo en El Arquitecto que podría considerarse -y así se lo comenté- una especie de Teoría de la Novela de Cartarescu: los giros geniales en el fluir de su portentosa imaginación que nos arrebata mientras sus pulsaciones cósmicas nos lanzan hasta más allá del umbral de lo real.
Cerramos Nostalgia con una mezcla de agotamiento y plenitud. Con ese temblor con el que leíamos hace treinta años y que pocos hemos vuelto a repetir, sencillamente porque en este océano de millones de libros en el que nos hallamos, resulta poco menos que imposible encontrar un Escritor, así con mayúsculas sabatianas, un Escritor como Mircea.
lunes, 5 de noviembre de 2012
Erlendur: el detective que surgió del frío
Es difícil seguir la evolución de estos autores que se traducen sin orden, a golpe de criterio publicitario y en ocasiones sin mucho conocimiento por parte de los supuestos especialistas. A modo de ejemplo: acabo de ver en el monográfico que la revista Qué leer dedica a la novela policíaca que La mujer de verde es el "debut" de Indridason en España. Al parecer ya no se recuerda que RBA ya había publicado en 2006 -supongo que con escaso éxito de ventas- Las marismas, con una magnífica fotografía de portada que un buen día me llevó a comprar a aquel desconocido en una librería de saldo.
Quizá me hago un lío yo también, y esta "nueva entrega" del inspector Erlendur Sveinsson no es tan nueva. Sea como sea, se observa un cierto empeño en profundizar, más allá de los pormenores del caso -limpiamente trazados- en los recovecos helados -en más de un sentido- del hermano casi gemelo de Wallander.
Pero sí, más allá de ese recurso perfectamente resuelto para acercarnos al pasado -osea, al interior de Erlendur- que es su brutal sentimiento de culpa por la trágica y absurda muerte de su hermano, estamos otra vez ante una de esas novelas de género que se agradecen piadosamente.
domingo, 4 de noviembre de 2012
Sobre los acantilados de Jünger
Yo por ejemplo pienso muy poco en las ideas políticas de Schubert o Brahms cuando escucho su obra de cámara, de modo que esos apellidos se convierten casi en una mera referencia para ubicar sus obras.
¿Por qué los Acantilados se convirtieron ya en su día en una especie de alegoría premonitoria del horror nazi? O, más importante aún, ¿debemos leer los Acantilados a la luz de esa interpretación? ¿Debemos leer cualquier obra a la luz de sus posteriores interpretaciones?
En muchos casos -y este es indudablemente uno de ellos- es casi imposible no hacerlo. El precio es alto: el riesgo de perdernos innumerables matices que no acompañan la interpretación canónica.
¿Entonces? Sí, no cabe duda de que estamos ante una novela notable, intensa, con un lenguaje -según se entrevé en la traducción- elaborado aunque por momentos más afectado de lo necesario y unos personajes atractivos que, no obstante, no acaban de emocionar.
lunes, 6 de agosto de 2012
Kafka: el escritor como animal
Prodigioso.
No se me ocurre otro adjetivo para describir el tour de force que debió suponer para Citati escribir este libro.
Leer a K es una experiencia cuando menos perturbadora. Pero escribir sobre ello supone un reto que pocos han sido capaces de asumir sin dejarse arrastrar por tópicos, academicismos o poses más o menos afectadas.
Citati ha conseguido conectar con lo inasible, con ese empeño invisible que empujaba a K a desafiar las limitaciones humanas para extraer de su interior un caudal oscuro de seres portentosos.
La paradoja kafkiana es que alguien que casi no logró terminar sus obras -desde luego ninguna de sus novelas- ha permanecido como modelo de Escritor, así con mayúsculas. Quizá porque el verdadero Escritor es precisamente el que no se deja esclavizar por la insignificante contingencia de acabar una obra y se abandona completamente a la escritura... como un animal.
Y ahí queda el impresionante capítulo III del libro de Citati en el que se mete en las entrañas de K para explicar a los lectores lo inexplicable, el insondable misterio de quien decide hacer de la escritura el núcleo central de su vida: "Era una especie de alquimia: abolir la vida dentro de sí, y transformarla en esa sustancia pura, translúcida, ausente, vacía, que se llama literatura. De no haberlo hecho, de no haberse quemado y sacrificado al pie de un altar de papel, el dios de la literatura no le habría dejado vivir".
¡Imposible acercarse siquiera a mil kilómetros del lugar al que llegó K! Cavando y cavando, adentrándose en el abismo sin luz, respirando el aire enrarecido de los terrores sin nombre. "La noche por sí sola no le bastaba. Como su inspiración no venía de las alturas sino de los abismos, también él debía descender cada vez más abajo, hacia las profundidades de la tierra; y llegado allí abajo, encerrarse, como el prisionero que el fondo de su alma era".
Imposible leer a K sin que se nos revuelva el estómago. Imposible pasar por alto que un ser humano -eso era por mucho que nos cueste admitirlo- pudo agujerear los muros de eso que llamamos realidad para traernos esas páginas. ¿Cómo lo logró? El propio K lo explicó así en una carta a Felice Bauer:
"Con frecuencia he pensado que la mejor forma de vida para mí consistiría en encerrarme en lo más hondo de un vasto sótano con una lámpara y todo lo necesario para escribir. Me traerían la comida y me la dejarían siempre lejos de donde yo estuviera instalado, detrás de la puerta más exterior del sótano. Ir a buscarla, en bata, a través de todas las bóvedas, sería mi único paseo. Acto seguido regresaría a mi mesa, comería lenta y concienzudamente, y enseguida me pondría de nuevo a escribir. ¡Lo que sería capaz de escribir entonces! ¡De qué profundidades lo sacaría!"
martes, 17 de julio de 2012
Schmidt Nobodaddy
A buen seguro, es uno de esos autores imposibles de conocer para quienes nos aproximamos desde otra lengua, porque su auténtica esencia se esconde en sutilidades intraducibles.
La tarea de leer la Trilogía Nobodaddy -porque es una tarea- se ve afortunadamente suavizada por la inteligencia con la que se ha organizado el material.
Me he detenido entre la segunda y la tercera entrega a causa de un inesperado regalo -el Kafka de Citati- pero mi intuición me ayuda a redondear el comentario: El fauno tiene la capacidad -quién sabe si calculada- de introducirnos en la escritura dificultosa de la trilogía; el brezal es quizá la más barroca de las tres breves novelas; y estoy seguro de que Espejos negros merecerá la espera.
Lo contaré en breve.
domingo, 24 de junio de 2012
Desde el otro lado (II)
sábado, 23 de junio de 2012
Con Sabato en la noche de brujas
Leí la gran novela de Sabato, por primera vez, cuando tenía la edad de su protagonista.
Hablo de Sobre héroes y tumbas, y hablo de 17 añitos. El cataclismo emocional que supuso para mí solo podría explicarlo el adolescente que fui entonces, el mismo adolescente que se aferraba a las cosas intangibles, que anhelaba toneladas de calor humano en el desolador vacío de patios de colegios y calles polvorientas.
He vuelto en incontables ocasiones a ese mundo inefable que subyace bajo el Buenos Aires de Sabato, ese mundo que presentía bajo mis pies en las calles de cualquier ciudad -porque hasta allí llegarían las últimas conexiones de los túneles poblados por las criaturas de la noche.
Volví una vez más a los abrazos desesperados de Martín y Alejandra cuando tenía la edad con la que Sabato escribió aquellas páginas terribles y maravillosas.
Y ahora, cuando empiezan a adivinarse a pocos metros de mi ventana las fogatas de San Juan, los murmullos de la noche de brujas, he vuelto otra vez a él, al explorador de los abismos, al Queronte del infierno de la escritura, a la voz de los adolescentes perdidos, anhelantes de eternidad, embriagados de esperanza aún en los tiempos más difíciles.
Para vos, maestro, el tango del mirador de Alejandra:
jueves, 21 de junio de 2012
Los electrocutados de Zooey
Dizze y Oidas eran dos planetas. Dos planetas que giraban uno alrededor del otro por un firmamento privado y secreto, como una pareja de vals en la glorieta de un parque abandonado por el futuro. La danza alrededor de un centro que se habían fijado en la infancia, la razón por la que vivían, la esperanza y el refugio que habían antepuesto ante cualquier contratiempo y tormenta.
La escucha de la frase del Sistema Solar era algo más que una investigación científica, era para ellos el sentido mismo de su existencia como planetas, era lo que justificaba que no hubieran tenido descendencia, ni satélites, ni otra vida en el interior de sus atmósferas.
En pocas páginas, el universo.
Los juegos intertextuales de Zooey son apasionantes. Es un pseudónimo salingeriano, es un personaje de sus propios libros, es un ser eléctrico y ecléctico al servicio de sus propósitos de comunicación.
Los electrocutados es un desafío, un enigma que se consume en sí mismo, que nos deja anhelando más, cuando se acaba la última de esas escasas 172 páginas de textos sin género, ni etiqueta, ni posible clasificación. La ficción se convierte en el meollo de microensayos teóricos que desbordan una fría locura sin contención.
Y todo esto sazonado de melancolía.
jueves, 29 de marzo de 2012
Contra el día (primer retorno)
martes, 27 de marzo de 2012
Modiano, Echenoz, Michon
Interrumpí Contraluz para caminar por senderos cortos de ida y vuelta. Pero antes de regresar me topé con La Broma Infinita, que a su vez interrumpí para caminar nuevos senderos de los que aún no he regresado del todo -ni a Wallace ni a Pynchon:
La brevísma y concentrada narración -que no novela- de Michon, El orígen del mundo, que parece rozarte la mejilla con un frío cortante; la menos breve pero más accesible -aunque admito que algo decepcionante en su tramo final- Relámpagos; y la enorme -no por el tamaño, claro, Trilogía de la ocupación de Modiano.
Aquí tengo que hacer un punto y aparte.
Modiano es mucho para mí. Es como caminar sin rumbo por una ciudad desconocida y detenerse de tanto en tanto a tomar una copa en un local extraño en el que constantemente nos parece haber bebido toda la vida. Me preguntó qué haré cuando haya leído todas las novelas de Modiano... ¿Empezar de nuevo? ¿Viajar a París? ¿Confiar en que su ritmo de escritura supere a los empeños editoriales de traducción o a mi propia capacidad para conseguir los libros?
Terrible dilema.
miércoles, 28 de diciembre de 2011
sábado, 26 de noviembre de 2011
El faro de la última decepción
Irresistible. El trasunto de esta novela que podemos resumir en una palabra: Poe -irresistible, ya digo.
Al principio me pareció simplemente correcta. Hay un momento -aunque quizá haya que aguantar demasiadas páginas- en que comienza a ser prometedora, sugerente. Pero el último tramo es lastimosamente decepcionante.
Al final, lo mejor del libro es un título que no hay que agradecer a su autor, sino al traductor, ya que el original se ciñe al título de Verne, El faro del fin del mundo. Sinceramente, creo que la cosa daba para más, para mucho más. Pero el texto se limita a dar vueltas alrededor de cuatro tópicos aderezándolos con ciertos personajes del genial autor de Ligeia para atrapar al lector el tiempo justo de encajarle un culebrón que nada tiene en común con el mundo, ni la poética, ni la sintáxis, ni nada que suene a Edgar Allan Poe.
lunes, 21 de noviembre de 2011
Bergounioux: el paisaje y la memoria
Si se quiere pasar un rato perdido en el tiempo; si se quiere abrir un pequeño libro junto a un café y dejarse llevar por una peculiar puntuación que nos recuerda constantemente que leemos; si se busca un breve lapso de paz en el que recobrar la distancia de tiempos teñidos de azul; si se quiere volver una y otra vez, siguiendo sinuosos meandros de adjetivos enternecedores y fecundos; si se quiere leer y que la lectura no nos deje indiferentes... no sería mala idea poner un poco de azul en el paisaje.
Un libro escribe Bergounioux afecta en mayor o menor grado a lo que pensamos y, por lo tanto, a lo que somos. Cambia, en cierta medida, el mundo que consiste, en parte, en la idea que tenemos de él, ya lo adorne y agrande, ya consuma su ruina... No conozco libro, cuando ha importado, que no haya hecho temblar el suelo de la existencia...
Una voz intensa, reconcentrada y escueta. La calma que precede a la tempestad... en estos momentos en los que estoy a punto de dar el salto hasta la broma infinita...
sábado, 5 de noviembre de 2011
Génesis
Peculiar novela, Génesis.
A quienes tuvimos nuestra particular etapa poblada de libros de ciencia-ficción de Bruguera nos recuerda los viejos tiempos en los que nos pirrábamos por aquellos argumentos ingeniosos, aquellas pequeñas joyas de la anticipación entreveradas de misterios más o menos trascendentes.
Génesis te atrapa desde el principio, te envuelve en un cruce entre novela y teatro, diálogo científico e interrogatorio de serie negra. Sin ser una obra maestra y asomando la nariz fuera de los estrictos límites del género, es una narración breve, robusta y con recursos suficientes para ser recordada.
lunes, 12 de septiembre de 2011
La estirpe de Caín

lunes, 5 de septiembre de 2011
Erlendur Sveinsson: el hermano menor de Wallander
Descubrí a Arnaldur Indridason en una librería de restos: Las Marismas me pareció una novela entretenida con dosis adecuadas de elegancia, misterio y la parsimonia nórdica que tanto me hipnotizo en la serie Wallander.
martes, 23 de agosto de 2011
Despertad, oh jóvenes de la globalización!
domingo, 1 de mayo de 2011
Sabato ha muerto

viernes, 29 de abril de 2011
Bernhard y el desconcierto
No es fácil leerlo.viernes, 22 de abril de 2011
Soucy, Escritor con mayúsculas
Para los que creían que ya no hay Escritores con mayúsculas.Hamam, el baño turco

lunes, 11 de abril de 2011
Vila-Matas piensa en su arte
Escribir.sábado, 9 de abril de 2011


Prodigioso ejercicio de minimalismo abrasivo.miércoles, 23 de marzo de 2011
Meroe: el Nilo interior
Acabado el viaje narrativo de Rolin, queda la sensación de haber leído una de esas novelas-río de tropecientas páginas; hay que volver a mirar la última para constatar que sólo han sido 216. Y es que, ante todo, Meroe es una agotadora incursión en el Nilo interior -no el interior geográfico, sino el interior del corazón o del espíritu o de ese lugar al que se refiere el propio Rolin, cuando escribe: "opino que los libros viven dentro de nosotros varias existencias, y una de ellas es una prolongada ceremonia mágica". martes, 15 de marzo de 2011
Quignard: la Odisea del lector desaparecido
Sí: Quignard es excesivo. Es barroco. Su prosa resulta afectada, a veces parece una pose innecesaria; a veces labrada por la ingenuidad del sabio. El oscuro viaje de Sadeq Hedayat
A fuerza de mirar, se me han desgastado los ojos contra la superficie de los objetos, esa delgada y dura corteza que esconde el alma.jueves, 10 de marzo de 2011
Ilustrado: premio al aburrimiento
Mira que suelo tener lo que se dice un don especial para no equivocarme con estas cosas.domingo, 6 de marzo de 2011
Van Der Graaf Generator

lunes, 28 de febrero de 2011
¿Quién es Volodine?

Catarsis island
Tras una de mis habituales visitas al blog de Juan Francisco Ferré, me fui directo al Google para saber algo más de David Vann.Los sinsabores del verdadero Bolaño
Leer a Bolaño es para mí reencontrarse con eso que yo llamo Escritor con mayúsculas pero que no sé definir en absoluto. Por eso me lo dosifico. De tanto en tanto, me meto entre las páginas de un Bolaño. Y voy despacio, porque a no mucho tardar me habré quedado sin mas Bolaños. Y lo cierto -por desgracia- es que la lista de Escritores con mayúsculas no es lo que se dice nutrida.domingo, 13 de febrero de 2011
Desde el otro lado (I)

Comprenderás que por referencias comunes, cercanas y emocionales, me quede con la referencia del libro de Pérez Andújar.
El hecho de recordar, de resentir –volver a sentir- una breve pero intensa bocanada de sonidos de nuestro pasado, los mismos lugares, las mismas punzadas bajo la piel, la misma infancia descarnada, me sacude y me arranca una sonrisa cómplice.
Y me da por pensar que el paso de los años nos sorprende un buen día y todo aquello que vivimos y a lo que sobrevivimos, y que había estado esperando agazapado en algún lugar de nuestras tripas, revienta como carne de literatura. Y a uno no le queda más remedio que escribir.
Escribir desde el dolor de la memoria…
Un abrazo.
Antonio.
sábado, 12 de febrero de 2011
Providence
Rescato a partir de ahora algunas lecturas más lejanas que merece la pena recuperar.1.
Saludos, Juan Francisco.
Acabo de terminar el primer nivel de Providence.
Aunque leí algunas reseñas antes de empezar con ella, reconozco que no la compré por las flores que le echaban, ni tampoco por haberle gustado a Herralde. Lo hice porque Lovecraft está en la portada... y porque me fio mucho de mi intuición y olía ese aire especial que tienen las novelas con mayúsculas, esas en las que uno echa los restos.
Sé que estoy sólo en la antesala, pero me encanta tu ironía y la promesa que empapa estas primeras páginas de que nos aguarda algo grande, algo que no vamos a olvidar nunca...
2.
Nueva intromisión.
Tras esa genial vuelta de tuerca con que acaba el segundo, acabo de ingresar en el tercer nivel de tu, no sé si llamarla Hipernovela echando mano de algo que parezca estética ciberpunk, o retomar aquellas entrañables escenificaciones del "Boom" calificándola de Novela totalizante; en cualquier caso, como te adelanté, Novela con Mayúsculas, que es lo mismo que Expedición de Búsqueda, si no del tiempo perdido, quizá de algún pedazo de nuestro ser.
Más allá de las piruetas conceptuales de Jesús Andrés, más allá de las evidentes constataciones de Masoliver Ródenas y de los circunloquios multiculturales de Goytisolo, e incluso del hecho de compartir innumerables referentes cinematográfico-musicales-literarios, lo que me mantiene atado a su lectura es algo mucho más... llamémoslo primario: hacía mucho tiempo que una novela no me inquietaba: la organización del texto, esa mirada -tan de "Arrebato"- que obliga al lector a transformarse en voyeur pasado por el filtro de De Palma, el montaje -que deja caer los hilos de la narración y los retoma de modo aparentemente caótico-, la exacerbación de la ironía, el detalle aparentemente insignificante de que las "tomas" no sean correlativas, como sugiriendo textos invisibles, desarrollos alternativos, abandonos fantasmáticos...
El lenguaje está envenenado, las palabras podridas, el diálogo corrompido, ¿cómo escapar del bucle?...
Me siento tentado de contestar: escribiendo -porque escribir no es meramente utilizar el lenguaje, amontonar palabras, construir diálogos... escribir es alimentarse de todo eso para huir o para buscar ¿quién decide de qué lado miramos el asunto?
Quizá vuelva.
3.
Toma descartada, 9:
De: Mike Ryan
Para: Darth
CC: JFF.
Enviado el: 01/01/Año Uno
Asunto: Lo innombrable
El vacío.
Pero, ¿puede decirse esto de una novela que no respeta las reglas del principio-desarrollo-final? ¿Puede uno en propiedad afirmar que ha terminado de leer una novela acribillada de trozos de vacío, de agujeros narrativos, de saltos y tomas repetidas y personajes perdidos y autorreferencias en espejo y caminos desechados o sugeridos y tiempo retorcido?
El viaje que usted propone, mi querido Darth –mi temido Darth-; el viaje que hicimos en un tiempo jamás recobrado; el viaje en que estamos inmersos ahora y para siempre; es el viaje al vacío porque nunca se llega a destino, un viaje sin motivo porque el motivo es el tiempo, una parada eterna debido a algún fallo en los dispositivos de una nave milenaria que debió saltar al hiperespacio y se quedó suspendida en ninguna parte, por capricho de una tecnología obsoleta o excesivamente complicada para la insana simplicidad de nuestros sueños.
¿Qué hay más allá de esa intemporalidad?
Algo que no tiene nombre pero que intuimos y que tratamos de tocar, de comunicar mediante la hiperescritura. Curiosa la mención –en este intercambio de mensajes electrónicos- de Calvino y Perec. No sólo por la sugestiva circunstancia de que la última toma de PVD ostente el número 99 y esa sea la cantidad de capítulos de La vida, instrucciones de uso, como una –dice Calvino- “fisura a lo inconcluso en un libro ultradeterminado”. Lo más sugestivo es el hecho de que la descripción que Calvino hace de su última propuesta para el milenio –la multiplicidad- parece corresponder a un retrato-robot de Providence: ¿no es Providence esa “novela como una gran red”, esa “máquina de multiplicar las narraciones” partiendo de iconos multisignificantes, una obra “concebida fuera del self”?
No me cabe duda de que JFF es un viajero hacia el vacío que nos ha legado una enorme propuesta para el milenio en curso plagada de “fisuras a lo inconcluso”, un explorador del abismo –que decía Vila Matas que dijo Kafka pero no lo dijo; aunque a efectos de escritura, ¿importa?
Aquí me detengo.
Pulso enviar y a continuación hago click en el icono Cthulhu.
martes, 8 de febrero de 2011
Una vez más, Bolaño

Me adentro en el texto con el impacto de 2666 disparos de emoción en mi espíritu.Quignard y la música del alma
Quería que mi primer libro de Quignard fuese este.
























